Ayer estuve leyendo el libro "Vivir entre extraños. Relatos de soledad y desarraigo" (2025, Menoscuarto) de la escritora argentina Reina Roffé, que vive en Madrid. En sus páginas veo a Cortázar, Borges y, en menor medida, a Onetti, sobre todo en el primer relato, que es el que da título al libro. En este sentido me ha parecido significativa la frase "todos sus relatos, sus dramas, eran recortes para armar", que he encontrado en la página 13 y remite como es lógico al capítulo 62 de "Rayuela" y la novela experimental "62 /Modelo para armar". Es el relato más extenso, un retorno a Ítaca, como Ulises, en este caso al hogar paterno o materno, casi a lo más profundo de la protagonista. En cuanto a llamar "femenina" a la literatura de Roffé no es ninguna provocación por mi parte, lo cual no sería nada extraño en mi forma de leer y de escribir, sino una manera de definir la delicadeza por los sentimientos y los objetos de todo tipo que pueblan sus páginas. Por otro lado, Roffé conoció y entrevistó tanto a Borges como a Cortázar, como ha comentado en alguna ocasión en este muro, aunque no la conozco en persona. Su libro me lo trajeron de su parte mis amigos tertulianos Soledad Velázquez y Vicente Rey. Este curso puede ser un buen momento para que lo hagamos en nuestra tertulia del barrio de Argüelles, en el centro de Madrid. Si le apetece podrá hablarnos de su libro "Espejo de escritores" (1985), con sus conversaciones con Borges y Cortázar, así como Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti, entre otros, de sus novelas o de este libro de relatos.
Mientras leía su libro pensaba en las "Cuatro estaciones porteñas" de Piazzola y la verdad es que me dieron ganas de ponerme a bailar un tango en medio de la calle. Lo bueno de Madrid es que, si le digo a cualquier chica por la calle que si quiere bailar conmigo, me dice que sí. Supongo que es la magia que tenemos los escritores y que desprende el tango:
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