miércoles, 7 de octubre de 2026

"¿Los intelectuales españoles están muertos?"


 

Mi tertulia literaria es una isla de libertad y cultura. El otro día iba por Recoletos y se lo dije a Valle-Inclán. Él tuvo varias tertulias hace un siglo y me dio la razón. Primero en el sentido de que son necesarias y segundo que deben servir para criticar al poder. Y me contó cómo perdió el brazo izquierdo durante una de esas tertulias en el Café de la Montaña cerca de la Puerta del Sol. El filósofo Peter Sloterdijk ya lo expresó en los ochenta, los intelectuales no sirven para nada en la sociedad actual. Hoy el intelectual no se atreve a llevar la contraria al poder, como dijimos ayer por la tarde en nuestra tertulia on line. Se conforma con recibir premios para tener la boca cerrada, no hace huelgas contra el poder, no es un inconformista, un provocador. El mercado se lo ha comido y él y ella se quedan contentos recibiendo subvenciones y alabando al poder. Los premios literarios y de cualquier manifestación artística se basan en el mercado y están manipulados. El Nobel (el de literatura se da mañana y no lo tienen los escritores que me interesan) no ha sido nunca objetivo, sino una batalla de lobbies (esto lo estudié en mi memoria de cátedra). El nivel intelectual es lamentable en los medios de comunicación, un auténtico "marujeo" intelectual. Si te presentan a un escritor lo primero que te sacan es la lista de premios y no se detienen a analizar lo que ha escrito, si tiene o no calidad. Lo mismo sucede con el cine, con el arte, etcétera. A todas estas conclusiones llegué con mis amigos tertulianos. Al empezar la tertulia les conté mi charla con Valle-Inclán, cuya obra más singular, "Luces de bohemia", nunca vio representada pues era un tipo que no se callaba la boca. Es un 24 de julio de 1899 en el Café de la Montaña. Se debate sobre un duelo que va a tener lugar entre el dibujante portugués Leal da Cámara y el periodista andaluz López del Castillo. La cosa derivará en una disputa sobre el valor de los españoles frente al valor de los portugueses. El periodista y escritor Manuel Bueno intervendrá en la conversación contradiciendo a Valle-Inclán. El autor de las Sonatas insultó a Bueno llamándolo "majadero" y lo amenazó con una botella de agua. Manuel Bueno reaccionó alzando su bastón (el cual, según las crónicas de entonces, estaba reforzado con acero) con el fin de defenderse o golpear al escritor. Este se protegió con su antebrazo izquierdo, y recibió un fuerte impacto. El golpe le causó una fractura ósea y provocó que el gemelo de su camisa se le clavara en la carne. Valle-Inclán no se curó bien esta herida, lo que llevó a una infección y posterior gangrena. Para salvar su vida, los médicos tuvieron que amputarle el brazo izquierdo. Sin embargo, Valle-Inclán continuó escribiendo y criticando al poder de su tiempo porque, como solía decir, le quedaba la otra mano.
 
Como dije el otro día, Woody Allen es uno de los pocos intelectuales actuales con el que me iría a comer, y otro sería Valle-Inclán, con jazz de fondo: 
 

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