martes, 14 de mayo de 2024

"Ya no soy Al Pacino, jeje".


 
Ayer, después de un examen, me fui a tomar un helado. Cerca de mi casa hay dos heladerías que me gustan, "Los Alpes" y "La romana". Supongo que el hecho de que me gusten los helados son recuerdos de mi infancia. Me parece recordar que a las dos les he dedicado un "cuento". Luis, mi peluquero, me dijo hace un tiempo que, además de Pacino, también me doy un aire al actor cubano de la fotografía. Después me lo repitió una alumna. Y ayer por la tarde, tras tomarme el helado, me encontré por la calle a una antigua compañera de la Universidad (y, por cierto, tras charlar con ella, unos pasos más allá me encontré al escritor Alberto Gómez Font, el yerno de Fernando Lázaro Carreter que tanto estudiamos en el colegio, y que estuvo hace unas pocas semanas en la tertulia de Casa Manolo -esta tarde se la vamos a dedicar "on line" a Paul Auster), y me dijo lo mismo con relación al actor de Hollywood de la fotografía.
 
¿Quién es este actor?
 
Me tomo el primer café de este martes tan agradable, antes de irme a poner otro examen, vuelvo a mirar la foto y escucho la canción de una de sus películas, con Meg Ryan:
 
¿Quién soy yo?
 
Lo que de verdad me gusta es esto de cuando un hombre ama a una mujer.
 
 

lunes, 13 de mayo de 2024

"Madrid y París eran una fiesta".


 
Madrid suele ser una fiesta casi todos los días, y ayer domingo por la mañana no iba a ser una excepción, aunque con menos literatura que la que encontró Hemingway en el París de los 20. Las calles del centro estaban cortadas. Los seguidores del Madrid las llenaron de camisetas blancas y las mujeres de la Carrera contra el cáncer de mama de rosa. Es el habitual caos de esta ciudad, aunque siempre he sabido que Madrid es el único lugar donde podría vivir. Eso sí, mi madre siempre me decía de adolescente que algún día me debería ir a París, el lugar más culto del mundo, donde todavía se ven libros en los cafés y por la calle. Y hablar de la "fiesta" en París, me lleva a la obra póstuma de Hemingway. Son sus años de juventud de París, donde fue "muy pobre, pero muy feliz", una especie de "Diario" del hombre y el escritor, crónica de una época y toda una generación irrepetibles, en cuyas páginas aparecen Gertrude Stein, Ezra Pound, Scott Fitzgerald o Ford Madox Ford, aquella "generación perdida". Siempre he pensado que Woody Allen se inspiró en esta obra para su "Medianoche en París", una de esas películas que los soñadores llevamos en el corazón. A menudo mis amigos me acusan de vivir dentro de una película o de una novela, y supongo que es cierto. En esta escena Hemingway nos cuenta cómo hacer el amor de verdad, con auténtica pasión, es retrasar la muerte:
 
Y no me resisto a escuchar y ver el principio de la película:
 
En realidad, el amor es una fiesta.
 



 
 
 

sábado, 11 de mayo de 2024

"El leopardo".

Ayer Justo Junior me envió esta fotografía. Le gusta pasear por las plantas de la Casa del Libro de la Gran Vía de Madrid, y se volvió a encontrar el ensayo que ha escrito sobre mis 6 novelas el profesor camerunés Patrick Toumba (Bartleby, 2023). Al mirar el Wasap en lo primero en lo que me fijé es que al lado está Hemingway. Ahora me tomo el primer café del sábado y recuerdo este inicio de una de sus novelas:
 
"El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve de 5895 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre es, en masai, "Ngáje Ngái" o "la Casa de Dios". Cerca de la cima se encuentra el esqueleto helado de un leopardo, y nadie ha podido explicarse qué estaba buscando por aquellas alturas".
 
Ernest Hemingway se preguntaba en este relato por el sentido del escritor o tan solo de la propia vida. Y lo hacía sugiriendo, más que mostrando, con espacios en blanco que debía rellenar el lector. Es la teoría del iceberg o de la omisión que aprendí de él y que aplico cuando escribo, incluso un post en las redes sociales. Tal vez por eso es de los escritores a los que invitaría a nuestra tertulia literaria para que nos hablara de literatura, de su vida y sus amores, de sus viajes a España, sobre todo a Madrid y Pamplona, del Nobel o de lo que le llevó al suicidio. También me tomaría algo con Woody Allen, quien después de todo se enamoró de su nieta Mariel Hemingway en la hermosa y literaria ficción de "Manhattan", como también lo hizo de Groucho Marx, Louis Armstrong o el segundo movimiento de la Sinfonía Júpiter de Mozart:
 

viernes, 10 de mayo de 2024

"Sigo aprendiendo de mis alumnos".

 
 
Esta fotografía es de ayer por la tarde, casi anocheciendo, con mis chicos del máster de Geoestrategia Internacional en la Universidad Pontificia de Comillas (Icade). Cada año por esta fecha me apetece impartir unas clases en este precioso máster, en donde hablo de la situación en el mundo, en particular de África (un continente que me fascina), Oriente Medio, China, Estados Unidos y ayer, también, del Caribe y la República Dominicana. Cuento todo lo que sé, lo que leo y continúo aprendiendo. Y hablo del Desarrollo Sostenible, de economía, ecología (es lo que tiene ser de Greenpeace) y cultura, la economía del conocimiento y de tecnología y esta cuarta revolución apasionante que estamos viviendo. Y ahí están conmigo Alejandro, Batiste, Gemma, Ane, Claudia, Juan Carlos, Samuel, Beatriz y otra Claudia, pertenecientes a Universidades de Inglaterra, Italia, Santo Domindo y España (Alicante, Valencia, País Vasco y Madrid). Les prometí que subiría la foto a Linkedin, que es la red que más utilizan ellos ahora, con sus 25 años, aunque yo escribo más en Facebook. Acabábamos de hablar del pasado, el presente y futuro del mundo y no estábamos de acuerdo en todo (ellos son más pesimistas que los que somos de la generación del baby boom). Me dijeron cosas que me hicieron pensar después y en las que sigo pensando ahora, mientras me tomo el primer café de este viernes radiante y escucho una de las músicas que más gustaban a mi hermano de joven y fue profesor en el colegio Retamar, que convertí en uno de los leitmotiv de mi novela "Entrevías mon amour", de la que también hablé ayer a mis alumnos:
 
El día en que deje de escuchar y aceptar opiniones diferentes de las mías, dejaré de escribir.
 
 

jueves, 9 de mayo de 2024

"Leer libros en el Metro".

Esa estación de la foto es la de Lavapiés, en el centro de Madrid. El otro día me fui hasta allí a dar una vuelta por un barrio donde vivía mi amigo Miguel Ángel Andés, un poeta, pintor, bohemio y artista en todo el sentido de la palabra. Me gustaba tomar el sol en pelotas en su terraza hablando de filosofía y de sus queridos Lautréamont y Blake. El otro día iba releyendo en el Metro una novela de la que voy a hablar en la próxima tertulia y en cierto momento levanté la vista de sus páginas, miré alrededor y todo el mundo, absolutamente, iba mirando el móvil. Por primera vez, desde que yo recuerdo al menos, nadie llevaba un libro en la mano. En ese mismo instante pensé que empiezo a tener un problema. No me gusta el fútbol, no me gusta la política, no me gusta la TV, como tampoco me gusta esa cosa que llaman festival de Eurovisión. A lo mejor debería dedicarme a tomar el sol en pelotas, releer los libros que me han acompañado toda la vida y escuchar a Bach:
 

miércoles, 8 de mayo de 2024

"Hay que leer a Miguel Veyrat".


 
"In my beginning is my end", nos dice Eliot al principio del segundo de los "Cuatro Cuartetos", uno de mis libros de cabecera, junto a "La tierra baldía", su otra gran obra. El verdadero poeta no solo es parte de su generación, sino que sabe que el sentimiento de toda la literatura desde Homero posee una existencia simultánea, dentro de un orden que también es simultáneo. Es lo que pienso cuando estoy con Miguel Veyrat (Valencia, 1938). Y me volvió a ocurrir ayer en la tertulia de Casa Manolo. Estar con Veyrat (o con Javier Del Prado haciendo el tonto, como salgo en alguna fotografía antes de querer estrangularlo con cariño, jeje) me ofrece la sensación de estar con Eliot, Juan Ramón, Machado, Dante, Shakespeare, Mozart. Es algo así como el poder de lo "simultáneo", como si todos vinieran a mi tertulia un martes por la tarde y se pusieran a hablar con nosotros, de su vida y de sus libros, mientras suenan los 200 años del himno a la Alegría de Beethoven que puse ayer a varios grupos de mis alumnos, Almudena Mestre hace una estupenda presentación y Miguel lee sus poemas de maravilla y Oskar Rodrigañez Flores nos saca unas fotos y yo me divierto de lo lindo.
 
Tengo que leer con detalle "Vértigo" (2024), publicado con esmero por Pepo Paz en su Bartleby. Se lo compré con gusto a la librera de "La Luna", una joven enamorada de los libros que ha abierto esa librería cerca de mi casa, y que estuvo con nosotros en Princesa 83.
 
En fin, que no sé si Veyrat es "la reina de la noche" o soy yo:
 

martes, 7 de mayo de 2024

"Con mis chicos del Cunef, el rey y Beethoven".

En este lugar hice mi primera carrera, la de Económicas, y este año cumple 50 años. Cuando era estudiante estábamos en el centro de Madrid, entre las plazas de Bilbao y Alonso Martínez. Y ahí también empecé a dar clase hace años porque me apetecía ser profesor en el mismo sitio donde estudié. Ahora estamos en la parte de arriba de la Ciudad Universitaria, junto a la casa de uno de los poetas que más me gustan, Vicente Aleixandre, con ese verso maravilloso, "La memoria de un hombre está en sus besos", y donde estuvo en sus orígenes el campo de fútbol de mi equipo, el Atlético de Madrid, el Metropolitano. El otro día vino el rey a conmemorar ese medio siglo (también es del Atleti, como Dios manda), y ayer me saqué esa foto con un grupo de 4º. Los alumnos son los reyes de la Universidad, los reyes del futuro. Por eso les cuento la asignatura y también les cuento más cosas. Por ejemplo que sean felices en cualquier lugar donde se pongan a trabajar, y libres y demócratas, y que hagan el bien allá por donde vayan. Y que se rodeen de la belleza de la vida. Y que mimen su "autoestima".
El otro día me fui al Auditorio de Música de Madrid para escuchar la Novena Sinfonía de Beethoven, pues hoy se cumplen los 200 años desde su estreno en Viena, y compartí el cuarto movimiento. Hoy me apetece ver el final de la película "Copying Beethoven", con un estupendo Ed Harris.
 
Decía, entonces, que el secreto de la felicidad ¿es?: