jueves, 29 de junio de 2017

Con Javier, mi cura favorito.



El otro día, y antes de encenderse la pipa, lo acompañé a una residencia de ancianos para hablar con los enfermos, escucharlos, contarles historias y hacerles reír.

Recuerdo la expresión de agradecimiento de sus miradas, como si quisieran alargar ese instante todo lo posible, casi hasta el infinito.

Al final no querían que nos fuéramos.
 
 

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