No sé tú, pero a mí siempre me ha gustado interpretar los papeles que la vida ha puesto a mi disposición, desde ser un "yuppie" hasta un "bobó", pasando por un pijo o un jipi. Lo primero que me llamaron mis alumnos fue yuppie, término que se deriva de joven profesional urbano, "young urban professional". Tenía 25 años y ya era profesor universitario, muy pronto sería doctor y me comía el mundo desde la planta 22 del Banco de Bilbao sobre el Paseo de la Castellana, como DiCaprio en Titanic sobre el Atlántico. Acuñado en los 80, en realidad el término yuppie se utilizó como una etiqueta despectiva que definía a los jóvenes urbanos, ricos y arrogantes. Los yuppies se asociaban a un estilo de vida que usaba ropa de alta costura, conducía coches de alta gama y presumía de su éxito. Muchos atribuyen el término a Joseph Epstein, escritor y antiguo editor de "The American Scholar". Sin embargo, la primera vez que se vio publicado fue en una edición de mayo de 1980 de la revista Chicago, en el artículo From Yippie to Yuppie. Los yippies, en contraste con los yuppies, eran un grupo de contracultura que surgió a finales de la década de 1960. Y aparece el término contraconducta en unas reflexiones que me hago mirando esta foto del otro día y tomándome el primer café del sábado. Ahora algunos individuos nos resistimos a ser gobernados con prácticas de libertad que cuestionan normas y formas de subjetivación impuestas por el poder político, social y cultural. Foucault analizó los casos de ciertas instituciones como la escuela, la prisión o el hospital, que, si bien pretenden "educar", "reformar" o "curar", terminan creando nuevas formas de control y normalización (con el cuerpo dócil, liso o pulido, que diría Byuing-Chul Han, con la disciplina, etc). El "arte de no ser gobernado" sería la búsqueda de una ética de la libertad, es decir, una estética de la existencia a través del "cuidado de sí", para crear subjetividades alternativas y resistir las formas de dominación modernas. La idea de contracontradicción o contraconducta en el caso de Foucault no es únicamente oposición, sino un análisis de la dialéctica entre el poder y la resistencia. Las estructuras de poder serían "contraproductivas" porque generan las mismas resistencias que intentan sofocar, y la libertad se encuentra en la invención de nuevas formas de ser y actuar, "arte de la inservidumbre voluntaria", como respuesta a las lógicas de control social.
¿Qué hacía yo el otro día perdido en unos barrancos que sirvieron de refugio en los 60 a un grupo de jipis europeos y norteamericanos que se fueron a caminar un día de invierno soñando con California?

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