lunes, 7 de marzo de 2011

El “Grito” de Munch y el sistema capitalista


El sistema capitalista es el único que ha sobrevivido en un siglo XX convulso, lleno de guerras y totalitarismos, pero eso no significa que sea perfecto. Si, por una parte, estamos más comunicados que nunca, por otra, la sensación de incomunicación también resulta patente. Muchas personas tienen miedo a no verse reflejadas en el espejo de la vida, incluso de que el espejo no exista. El aislamiento y la soledad pueden ser terribles para los que sienten que no tienen ningún control sobre su existencia.

¿Cuál es la explicación a esta paradoja? ¿Quizá que no somos capaces de asimilar tanta información que tenemos en nuestras manos, y sentir que hay un lugar en el mundo para nosotros? Nos sentimos libres, pero a la vez prisioneros. Ya no existe la esclavitud como tal (aunque, ¿qué representan, si no, las cárceles de Guantánamo y de algunos países donde la pena de muerte aún continúa vigente?), pero ha surgido una especie de esclavitud “mental” que lleva a algunas personas al suicidio y a otras a los sillones de los psiquiatras. Ahí radica parte del mundo invisible del que hablaba Kafka en sus relatos, y que es fruto de un sistema económico sin alma y sin corazón.

¿Qué ocurriría si cualquier mañana alguien tocara en nuestra puerta porque nos han denunciado por alguna cosa, y nos metieran en la cárcel? ¿Qué sucedería si no pudiéramos pagar la hipoteca del piso? ¿Y si el banco donde tenemos los ahorros de toda la vida se declarara en suspensión de pagos, o el gestor de nuestro patrimonio nos llevara a la ruina por su desmedida ambición? Y eso que ni siquiera hemos mencionado a los mil millones de personas que malviven con un dólar al día, aunque puedan conectarse a Internet desde el lugar más remoto que podamos imaginar.

A pesar de los avances en todos los órdenes de la vida (por supuesto, positivos), somos incapaces de construir mapas cognitivos que abarquen el mundo por completo y den sentido a la posición que nosotros mismos ocupamos en el mapa. Ya no sentimos placer ante las flores mágicas de Rimbaud ni los torsos griegos de Rilke. Ahora sólo tienen valor los sujetos que han sido convertidos en objetos, y si miramos hacia atrás nos encontramos con el Grito de Munch, que, de alguna forma, representa la alienación, la fragmentación social, la soledad y el aislamiento.

(Artículo publicado en "El Diario Progresista", el 5 de Enero del 2011)

jueves, 3 de junio de 2010

Para ti, para siempre

No es sólo el problema de perder a una persona querida, cercana, que sabes que está ahí, a la que amas y te ama. Lo más duro es admitir que no volverás a mantener con ella las mismas conversaciones de siempre. Y eso te va dejando solo, cada vez más solo. ¿Con quién vas a hablar ahora de las cosas que hablabas con ella? La vida no sólo está en los libros y en la calle, también está en el corazón; pero el corazón necesita ayuda para bombear palabras y sentimientos.

miércoles, 2 de junio de 2010

Entrevías en La estación azul

Teóricamente debería escribir con más asiduidad en este blog, pues para eso me lo hicieron unos amigos. Pero la vida es así de caprichosa; por ahora me apetece poner el link de un programa cultural de Radio 1, donde leyeron algunos pasajes de mi última novela. Lo más bonito fue que una gran amiga canaria me mandó un mensaje desde allí diciéndome que lo había escuchado en la radio, y que creía que soñaba. El programa se emite de madrugada los lunes, así que en Tenerife lo escuchó un poco más pronto.


Lectura de pasajes de la novela "Entrevías mon amour ", en La Estación Azul, el 12 de Abril 2010


http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100412/canciones-nuestra-vida-estacion-azul/740800.shtml

domingo, 7 de marzo de 2010

El Ojo Crítico



El pasado 28 de enero del 2010, me hicieron una entrevista en El Ojo Crítico de Radio 1 de Radio Nacional de España.

Os adjunto el link.

http://media2.rtve.es/resources/TE_SELOJO/mp3/1/2/1264706101821.mp3

La Estación Azul



El pasado día 1 de Noviembre del 2009, en el programa La Estación Azul de Radio 1, de Radio Nacional de España,  se leyeron pasajes de mi novela Entrevías mon amour. Os dejo el link:

http://www.rtve.es/mediateca/audios/20091123/lugares-donde-se-clama-dolor-estacion-azul/634504.shtml

Crítica a Entrevías mon amour, por Marta Sanz

El pasado 6 de enero del 2010, Marta Sanz publicó una crítica a mi novela en el Blog "Tormenta en un vaso". Os adjunto el link:

http://latormentaenunvaso.blogspot.com/2010/01/entrevias-mon-amour-justo-sotelo.html

Crítica de Joaquín Leguina a "Entrevías mon amour", en El Confidencial Digital




   Justo Sotelo narra el regreso de Teo Abad, el retorno a sus orígenes, a su barrio y a su gente. Un barrio que se parece mucho al viejo Pozo del Tío Raimundo, con el cura Llanos incluido. Una gente, unos personajes de estirpe valleinclanesca.
            Una novela insólita… hay que tener valor y no poco desparpajo para elegir un título así.
             Pero, ¿qué cuenta esta novela? Es una historia nostálgica. ¿Por qué nostálgica? Porque la nostalgia no es añoranza, sino precisamente -eso significa etimológicamente-: el dolor del regreso.          
             Justo Sotelo narra el regreso de Teo Abad, el retorno a sus orígenes, a su barrio y a su gente. Un barrio que se parece mucho al viejo Pozo del Tío Raimundo, con el cura Llanos incluido. Una gente, unos personajes de estirpe valleinclanesca. Del Valle que escribió “Divinas palabras”: Un cura, una talidomídica llamada Edipa (¡nada menos!), una mujer enferma sin nombre propio a quien todos llaman “La Niña”, Judith -el gran amor adolescente de Teo- y su hija Tamara.            
             Judith es una mujer atormentada a causa de la muerte de sus padres, asesinados después de la guerra a manos de alguna “brigada azul del amanecer”, simplemente, por el delito de ser rojos. Son los huesos de sus padres lo que busca Judith… y los encuentra amparada en la aplicación de la ley de la “memoria histórica”… Pero esos huesos, los de los padres de Judith, aparecen junto a otros pertenecientes a unos sacerdotes asesinados por otra “brigada del amanecer”, una de las que funcionaron en el Madrid sitiado durante la guerra civil.            
              En ese hallazgo, el de los huesos revueltos de unos y otros españoles, se encuentra, a mi juicio, la enseñanza moral que el autor nos quiere transmitir. Una enseñanza que no viene mal recordar en estos momentos de sectarismo en alza, y esa enseñanza es la siguiente: si desenterramos los huesos de los asesinados durante y después de la guerra estamos destinados a comprobar que la barbarie desatada en 1936 no fue exclusiva de un solo bando.              
              No lejos del cura y de la iglesia ruinosa donde también habitan esas mujeres vive el padre de Teo, un viejo comunista empeñado en darle candela a la basílica del Valle de los caídos, cuya muerte en la parte final de la novela no deja de ser harto significativa. El viejo acaba sus días huyendo por el túnel que une España con Francia, sin poder alcanzar a ver la tumba de Antonio Machado en Collioure, donde el anciano pensaba depositar un poema.              
             “Estos días azules y este sol de la infancia”, había escrito don Antonio poco antes de morir y –creo yo- son esos azules días los que quiere recobrar el protagonista de esta historia.              
             Una novela escrita en primera persona en la cual aparecen no pocos flash-backs mediante los cuales el autor nos introduce en el duro oficio de Teo, el de reportero en “territorio comanche”, el territorio variado y extenso de las guerras de hoy… con las cuales el protagonista –bajo una atracción fatal- habrá de reencontrarse con lo que parece ser su destino, quizá porque “se necesitan héroes para derrotar al monstruo de la guerra… o locos”.
                                                           Joaquín Leguina es economista y novelista. 
Lunes 22 de febrero de 2010