Ayer vi una película colombiana de 2025 que todavía no había visto y que me recordó a algunos amigos poetas que he tenido en mi vida, encantadores perdedores que vivían de otra manera. Ni que decir tiene que siempre he preferido tomarme un café con ellos que con los triunfadores que venden su alma al diablo para llevarse premios, fama y dinero (tengo alergia a los grupos de poder, de los políticos, editoriales, medios de comunicación y escritores que se lo reparten todo, aunque sean mediocres). Esta película cuenta, entre el humor y el drama, la historia de Óscar Restrepo caminando de un lado a otro por la ciudad de Medellín, interpretado por un convincente Ubeimar Ríos que no conocía, como tampoco al director de la película Simón Mesa Soto. Óscar es un tipo de cincuenta y tantos años, envejecido, lunático, errático, separado, con una hija a la que adora, pero que no sabe cómo decírselo, y que bordea el alcoholismo y la frustración. A pesar de que publicó algunos libros en su juventud, en el presente está desempleado, vive con su madre y arrastra el estereotipo del poeta perdedor. Presionado por su familia, consigue un trabajo como profesor en un colegio, donde conoce a Yurlady, una adolescente de origen humilde con gran talento para la poesía. Al intentar abrirle las puertas de los círculos literarios, lo que Óscar busca es una segunda oportunidad para trascender, aunque exponerla al mundo poético no resulte como él esperaba. En realidad nunca dejaría de ser un poeta triste que quería escribir un poema feliz.
Estas son algunas escenas:
En los títulos de crédito del final de la película, Jeanette nos canta su "corazón de poeta":
De joven me lo cantaban algunas chicas, pero como no soy poeta solo me quedé con el corazón (bueno, mi corazón se lo quedaron ellas, claro).

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