lunes, 28 de septiembre de 2026

"Dos poetas de Granada y un novelista de Madrid".

 



Ayer fuimos a ver la película que está de moda en España. Confieso, de entrada, que no sabía quiénes eran sus dos directores. De Lorca sabía algo más. De él me hablaron en casa siendo un niño, luego en el colegio y todo desde la absoluta libertad, social, sexual y religiosa. Con el tiempo, siendo un adolescente, estaba leyendo el "Romancero gitano" en un banco del Retiro cuando una señora mayor que estaba sentada a mi lado se fijó en el libro y me empezó a hablar de Lorca. Había conocido a gente de La Barraca, y habló de Rafael Rodríguez Rapún, su último amor, aquel que le inspiró los "Sonetos del amor oscuro" (ahora sabemos que fue el joven albaceteño Juan Ramírez de Lucas). El rostro de la mujer que me habló con entusiasmo se me quedó grabado durante mucho tiempo. Es el mismo entusiasmo con el que está hecha "La bola negra". Otra cosa es que sea una buena película, que no lo es en absoluto. La historia del manuscrito perdido de Lorca (patética su aparición en blanco y negro) es interesante, pero no lo es la traslación en imágenes de "La piedra oscura", la obra de teatro escrita por Alberto Conejero. Todo me resultó impostado, maniqueo, de cartón piedra o de plástico (no se me va de la cabeza la escena inicial de bombardeo donde hasta el burro mira a la cámara para ver si queda bien).
 
Este martes vamos a tener como invitada en la tertulia, a las 18.15, Marqués de Urquijo 4 (Metro Argüelles), a la poeta granadina Teresa Gómez, una joya que debería ser más conocida. Hablaremos de su último libro de poemas, "Los tulipanes son demasiado rojos" (2026, Bartleby), que tiene tanto de Sylvia Plath. Su editor, Pepo Paz, dirá algunas palabras. Teresa es licenciada en Filología Hispánica y Psicopedagogía, y formó parte del grupo granadino fundacional del movimiento de la Otra sentimentalidad, a partir del Juan de Mairena de Machado, y que luego se convirtió en la Poesía de la experiencia, junto a Javier Egea, Ángeles Mora y Luis García Montero, basada en las ideas de la deconstrucción del yo poético y la ideologización de los sentimientos.
 
Cuando empecé mis tertulias a los veintitantos años en las Cuevas de Sésamo con Pepe, Miguel Ángel, Antonio Zaballos, las chicas que se sentaban con nosotros, muchas extranjeras, me solían llamar Lorca, sobre todo cuando me ponía mis trajes de lino.
 
Hacia la mitad de las páginas del libro de Teresa me encontré con un poema que pone en palabras el Segundo concierto de cello de Shostakovich, y ahora lo escucho mientras me tomo el primer café. Me gustan los escritores que me sacan de mi zona de confort y me hacen pensar un poco:
 

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