miércoles, 24 de agosto de 2016

Consejos de una escritora madura a un escritor más joven.

Uno de los muchos efectos positivos de escribir "La paz de febrero", de la que hablé ayer, fue que me permitió conocer a la escritora zaragozana Ana María Navales. Un día sonó el teléfono; era Ana, que acababa de leer la novela. No nos conocíamos, pero estuvimos hablando dos horas.

Ana María Navales fue novelista, poeta, profesora universitaria, ensayista y pasará a la historia de nuestra literatura por haber escrito uno de los libros de relatos más hermosos que he leído, los "Cuentos de Bloomsbury", inspirados en Virgina Woolf y su mundo. Lamentablemente, falleció demasiado pronto y lo único que yo pude hacer fue presentar su novela póstuma en la librería Rafael Alberti ("El final de una pasión", Bartleby, 2012), también sobre Blommsbury, junto a su pareja Juan Domínguez Lasierra y Marta Agudo.

Y dedicarle una de mis novelas.

Aún recuerdo aquellas tardes caminando ambos, lentamente, como si el tiempo no existiera, por la Gran Vía hablando de Borges, Paz, Salinas, Sthendal, Galdós, es decir de literatura, que es otra forma de llamar al amor. O en la estación de Atocha esperando a que saliera su tren de vuelta a Zaragoza.

Lo que más valoro de Ana son sus consejos. Solo debes escribir y publicar, Justo, si verdaderamente tienes algo que decir, me decía. No escribas solo por escribir o para presumir de que eres escritor, añadía. Nunca dejes de leer ni estudiar para que merezca la pena leer tus obras. Sé humilde, acepta los consejos de los viejos escritores, que saben más que tú, y corrige todo lo que tengas que corregir. Solo así se producirá el pacto con el lector y este te seguirá, te admirará y te querrá.
Me hago mayor, amigos, porque empiezo a echar de menos a demasiadas personas inteligentes.



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