martes, 9 de agosto de 2016

A veces pasear por algunas playas es hacerlo sobre otras huellas.

Eso me ocurrió el otro día al pisar la arena de una playa blanca de Dingle, al oeste de Irlanda, en el Ring of Kerry, por donde también pisó y soñó la hija de Ryan, esa Dulcinea personificada, una nueva Emma Bovary con las mismas ganas de vivir.

Sabes que Sarah Miles amaba al maestro de escuela, pero también que le fue infiel con el joven soldado mientras Robert Mitchum escuchaba a Beethoven y las tormentas eran tanto exteriores como interiores. El mar se desbordaba dentro de sus cerebros y no admitía excusas.

Quizá porque las cuestiones sobre el sexo siguen teniendo una raíz ideológica, como diría Foucault.

A veces sobre otras playas y otros cuerpos.

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