¿Hablábamos de ser rebeldes, de no tomarnos esta vida demasiado en serio y de reírnos de nosotros mismos? Siempre me he rebelado contra los que abusan de su poder, y lo utilizan para hacer daño a los demás, ya sea en el mundo laboral o en el personal. Me he rebelado contra los que no respetan los Derechos Humanos. Nunca he dejado de observar con perplejidad a los que se creen los mejores amantes, los mejores profesores, los mejores escritores, los mejores políticos, los mejores periodistas, los mejores banqueros. De todos aquellos que están convencidos de que el mundo se pararía si no estuvieran en él.
Decía que amanece lenta y suavamente. Miro hacia el horizonte y sé que, a pesar de todo, el mundo transcurre en armonía, al menos en mi corazón. En realidad ser rebelde es ser siempre, por encima de todo, uno mismo.
Sé que la ciudad de las estrellas es los Ángeles, y Madrid solo tiene unas cuantas estrellas en el suelo de la calle Martín de los Heros, a la altura de los cines Golem y Renoir. Siempre he pisado esa acera para ver películas y comer o cenar (antes o después) en cualquiera de los restaurantes de alrededor de la Plaza de los Cubos. Por ese motivo, me viene a la cabeza una canción. Es el baile entre Mia y Sebastián en el Observatorio de los Ángeles de una de mis películas preferidas, un homenaje a "Rebelde sin causa", de Nicholas Ray, con James Dean y Natalie Wood.
Después de todo siempre he tenido mucho de rebelde sin causa que se va a París con la chica, claro:
https://www.youtube.com/watch?v=-3VMlzuvMf8
jueves, 26 de febrero de 2026
"Rebelde sin causa".
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