sábado, 24 de octubre de 2026

"Que nadie te escriba el guion de tu vida".




Es una de las primeras cosas básicas que me enseñaron mis padres. Como decía John Ford, al que considero el mayor director de cine de la historia (cuando preguntaron a Orson Welles quiénes eran los tres mayores directores dijo John Ford, John Ford y John Ford) el cine es un arte puramente visual y narrativo en imágenes. Alfred Hitchcock, Billy Wilder y Woody Allen que igualmente son tres de los directores más importantes han dicho que lo esencial es el guion. Y me parece que los cinco tienen razón cuando hablamos del cine y sin duda de la vida, que es una mezcla de un buen guion y de la capacidad visual y narrativa de vivirla. El otro día la excelente escritora Emma Prieto me dijo, en la presentación de un libro de Eloy Tizón, que se alegraba de que yo fuera humano, lo que me sacó una sonrisa. Además también había comprobado que me cansaba cuando le comenté que me iba a sentar en la última fila puesto que me marcharía pronto si me caía de cansancio (al final escuché entera la presentación, ya que resultó estimulante desde el punto de vista literario e intelectual). Esta idea de irme de los sitios me recuerda a las palabras que me dijo también hace poco la poeta Soledad Velázquez Moreno, en el sentido de que a veces me veía como escapado de una película si no me gustaba el guion. Y es cierto que me he ido de muchos sitios cuando me aburro o no soporto la mala utilización del poder, como comenté el otro día a otra amiga, la valenciana Pilar Sanjuan. Hablando de guiones, de lo que nunca puedo prescindir es de tomarme un café al abrir los ojos cada mañana. Es lo que tiene escribir cada día la página del "guion" que me gusta, con pasión. En este sentido siempre recordaré cuando viajé a Béjar para estar con mi amigo el pintor Antonio Zaballos y me invitó a dormir en su estudio rodeado de sus cuadros. He dormido en muchas camas a lo largo de mi vida, tal vez en demasiadas, aunque nunca lo había hecho rodeado de cuadros que me hablaban, que me querían decir cosas, sobre ellos y la propia historia del arte. La única pega es que la cafetera de Antonio no funcionaba bien, y eso era un problema para mi guion. Y no sé cómo se enteró, pero el caso es que su amiga Yoli González López, que todavía no me conocía, pero que ya se había leído mis novelas, se presentó a las siete de la mañana con un termo de café recién hecho en su casa próxima a la Sierra de Francia. Supongo que no hay que explicar porqué me caen tan bien algunas personas, que además escriben sus propios epígrafes en el guion de mi vida. Y por supuesto no puedo dejar de escuchar música bajo la lluvia, aunque ayer no lloviera (la foto me la hice en Moncloa):

https://www.youtube.com/watch?v=TzXuPOS-2Cw&t=541s

Sí, Emma, como diría Nietzsche, soy demasiado humano y siempre persigo los ideales de paz y de belleza.

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