lunes, 30 de enero de 2017

"La la land".

Admito que solo me seduce el cine inteligente, la literatura inteligente, la gente inteligente.

"La la land" tiene casi todas las cosas que me seducen del cine.
Ya me lo habían dicho algunos amigos y por eso fui a verla ayer por la noche (me refiero a que fui a verla al cine, esos edificios de pantallas blancas que además proyectan las películas en versión original. Con la voz que tiene la protagonista, solo se puede escucharla en su idioma).

La anterior película de Damien Chazelle, "Whyplash", me pareció espléndida y se la recomendé incluso a mis alumnos. Es la voluntad de superación al estilo de Schopenhauer y el poder terapéutico de la música, en concreto del jazz.

A esta le ocurre algo parecido; además la primera y la última escena son increíblemente rítmicas y casi me dieron ganas de meterme en la pantalla y ponerme a bailar. Esta película es un musical no porque se cante sino porque las escenas tienen tanto ritmo que parece que estás viendo a Gene Kelly por todas partes.

A lo largo de la película observo cómo evoluciona de manera casi metaliteria el cine musical, siempre bajo el dominio de su obra maestra, "Cantando bajo la lluvia". También veo "Rebelde sin causa" e incluso las últimas películas de Woody Allen. Esta es una cosa curiosa porque Emma Stone es la intérprete de dos de ellas, "Magia a la luz de la luna" y "El hombre irracional", y, aunque no aparece en la última, "Café Society", esta película se encuentra en el romántico y triste final, con esa mirada que solo puede pertenecer a dos personas enamoradas que saben que su historia de amor es imposible porque sería demasiado perfecta.

En ese sentido me ha interesado la reflexión que plantea la película sobre si dos artistas pueden o no ser pareja.

Me pasé toda la cena en el restaurante hablando de ese asunto tan humano y a la vez tan literario.

Estas son algunas escenas:

https://www.youtube.com/watch?v=d9DtsfjgnZ8

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