Siempre digo que no me interesa tanto lo que me cuentan como la manera en que me lo cuentan, si me convence la forma de contar lo que llevamos siglos contándonos. Por eso siempre busco la "Teoría de la Sentimentalidad" que me explicó en la Facultad de Filosofía y Letras mi maestro Antonio García Berrio, la que me conduce desde Aristóteles a Fitche y Schlegel pasando por Kant y Hegel. Cuando me sumerjo en un libro siempre "buceo" en busca de la coherencia, la verosimilitud y el decoro, en el sentido aristotélico. Imaginémonos a un hombre a orillas del Ebro. Un atardecer sitúa los dedos sobre los ojos, mira al horizonte dorado y observa que solo queda un pequeño espacio entre sus dedos. Por esa estrecha brecha azul entra toda su vida. Es lo que hizo un día el poeta y sacerdote de la Basílica del Pilar Fernando Vallejo Agreda. Y ayer se vino en el AVE desde Zaragoza para contármelo a mí y a mis amigos en la tertulia del Hotel Indigo, en el barrio de Argüelles del centro de Madrid. Durante hora y media miramos a través de "La brecha azul" (2025, Libros del Aire) para sumergirnos en el cuerpo y el espíritu de Fernando, un verdadero dandy, como le definió también el escritor y crítico José Luis Gracia Mosteo, que nos acompañó. El decoro en la filosofía de Aristóteles no es solo un adorno, sino la adecuación y proporción de las cosas. Se divide en dos vertientes principales, la ética (el comportamiento digno y equilibrado) y la retórica (el uso de un lenguaje apropiado). Eso es el libro de Fernando, que si lo trasladamos a nuestra tertulia es un sinónimo de alegría, felicidad, anarquía, risas y sonrisas, como Dios manda.
Cuando dos personas escuchan atentamente una música hermosa, se sincronizan y son capaces de unirse atravesando las "puertas de la percepción", como diría Huxley. Mis amigos podéis sincronizaros conmigo ahora, como los de mi tertulia, para ver por la "brecha azul" de Fernando Vallejo Ágreda y el "Claro de luna" de Beethoven:

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