lunes, 7 de agosto de 2017

¿Me merezco o no un café o dos?

Hace unos días conocí en Facebook a la doctora en literatura María José Martín Velasco, profesora de la Universidad de Santiago de Compostela durante muchos años. Marta Muñiz Rueda acababa de entrevistarme en la revista mexicana "Horizontum".

Fue una entrevista que compartió mucha gente. Uno de los que lo hizo fue mi compañero de Teoría de la Literatura y de algún máster José Luis de Micheo, un tipo sabio e inteligente. Por ahí me leyó María José. Me escribió alguna cosa. Nos caímos bien. Se compró mi último libro de cuentos. Lo ha leído en seguida.

Ayer escribió esto:

"Acabo de terminar 'Cuentos de los otros' de Justo Sotelo. Me ha costado. Tengo que engrasar de nuevo mi cerebro para que se active. Me queda lejos el virtuosismo literario después de haber trabajado la Retórica clásica. He superado el reto de lo difícil, porque me ha parecido un libro difícil. Es muy bueno".

Todo perfecto hasta aquí para un escritor. Lo más curioso del asunto es que su amigo Ángel Currás, también de Santiago, intervino en su post para decir que él ya se había leído mi última novela, "Las mentiras inexactas". Le di las gracias y balbuceó que en Santiago también me leían.

(Esta foto de la presentación de los cuentos en Madrid está incluida en la revista "Horizontum" que inició toda esta historia. Es con mis amigas Carmen Arroba, Almudena Mestre y Celestina Santos Duque).

"La muerte de Isolda".

Wagner llenó de música los veranos de mi infancia y adolescencia. Hace dos o tres años escribí varios artículos sobre la "Tetralogía", que publiqué en un par de revistas.

De entre todas sus óperas, "Tristán e Isolda" es la que continúa dejándome sin palabras. El primer dinero que gané dando una clase particular de matemáticas lo empleé en comprar esa ópera; todavía recuerdo la mirada cariñosa de mi madre al decirme que usara ese dinero en lo que me hiciera más feliz. Cuando la vi representada en el Teatro Real sentí que algo único se producía en mi vida.
Isolda es la perfecta representación del "eterno femenino", como lo concibió Goethe en su "Fausto" siguiendo la tradición occidental del amor eterno. 

Y esta es su muerte de amor:
https://www.youtube.com/watch?v=z4xwlm9F_j4

(La foto me quedó regular, pero es una pintura de "Tristan e Isolda" que se encuentra en una de las paredes del castillo de Neuschwanstein, construido por Luis II de Baviera, el mecenas de Wagner. Es el de los cuentos de hadas de nuestra infancia, el del cisne de "Lohengrin", el que enamoró a Visconti e inspiró a Walt Disney el castillo de "La bella durmiente").

sábado, 5 de agosto de 2017

Una breve reflexión literaria sobre el cuento de ayer.

Como mis amigos sois grandes lectores, "El autobús de la playa" suscitó infinidad de comentarios.

Pedí a M Jesús Egmont que se fijara en los tres "hasta" que aparecen en los primeros párrafos. Ahí estaba la esencia del cuento. Ella me respondió, con mucha lógica, que suponían el tiempo, el espacio y el amor. Lo que no le dije es que había un cuarto "hasta" hacia el final del cuento. Con él pretendía romper su carácter fantástico, casi heterocósmico, como diría el profesor Doležel, uno de mis maestros.

La literatura que me convence es la que está escrita de la forma más sencilla posible (sujeto, verbo y predicado), con las palabras más sencillas y los adjetivos justos, lo menos retórica y periodística posible, pero con multitud de significados simbólicos en cada página e incluso en cada frase.

(Feliz sábado, amigos. Ahora necesito un café y perderme en el parpadeo de unos ojos, entre el anochecer y el amanecer).

Lecturas de una tarde de verano.

"Le pregunté la hora a la salida de la biblioteca pública. Ella me miró y me dijo que no llevaba reloj, pero que podíamos caminar juntos hasta el parque.

Hacía una bonita tarde de mediados del mes de Septiembre.

A principios de Octubre quise llevarla a una playa lejana. Nos acercamos a la estación de autobuses hablando sin parar y perdimos el único que conducía hasta allí; el problema es que no salía otro hasta un año después. Alargué el brazo al primer taxi que pasaba y le pedí que siguiera al autobús y lo adelantara; así podríamos cogerlo más adelante. El taxista sonrió condescendiente, pero nos aseguró que habría más pasajeros a lo largo del trayecto. Le dijimos que no nos importaba. En los siguientes minutos varios hombres y mujeres subieron y bajaron del taxi. Hablamos con ellos, intentamos conocerlos y caerles bien. Como era previsible, el taxi adelantó al autobús y ella y yo lo esperamos en la siguiente parada. Poco después ocupamos los únicos asientos que quedaban libres. Sonreímos felices hasta que nos miramos a los ojos; de pronto nos habíamos convertido en dos ancianos.

No te preocupes, dijo ella convencida. Aunque no llevo reloj, sé que nuestro amor es eterno.

Y nos besamos al llegar al parque."

Justo Sotelo.
"Cuentos de los Otros".
Uno. El autobús de la playa.


(Mis amigos sois maravillosos, lo digo siempre. Este cuento lo compartió ayer en su muro de Facebook Clara Fernandez Fernandez, una mujer tan discreta como culta y sensible. Lo acompañó de "La persistencia de la memoria", el famoso cuadro de Dalí que se encuentra en el MoMA).

jueves, 3 de agosto de 2017

"Arte".

Este es uno de los "Cuentos de los otros" que incluí en el libro al final, antes de ser publicado, y no llegué a compartir por aquí. 

"Quedan dos semanas para la exposición de Antonio Zaballos y todo está por hacer, dijo ella, incorporándose en la cama con dificultad. Da igual que se retrase un poco más, dijo él con un rostro preocupado.

Luego dijo: Tienes varias costillas rotas y casi te matas en la carretera. Lo sé, intentó ella subir el tono de voz, pero soy la dueña de una galería y he adquirido compromisos. Estos días no he dejado de pensar en nuevas ideas y proyectos. ¿Nuevas ideas para el mundo del arte?, esbozó él una sonrisa. Casi tantas como en el Ibex-35, se soltó ella de la mano. La Bolsa no se ha detenido durante la crisis, dijo él. Y es una pena, añadió ella. ¿Ahora te preocupa el valor de nuestras acciones?, preguntó él. En absoluto, dijo ella, recordando que habían terminado de pagar la hipoteca de la galería gracias a las ganancias en la Bolsa.

¿Me quieres?, le preguntó él, cogiéndole la mano de nuevo.

Se miraron en silencio y recordaron en un instante todos los años que habían vivido juntos, desde que se conocieron en una asamblea de la Facultad de Económicas en contra de los recortes del Gobierno y se fueron a vivir a una buhardilla cerca del Mercado de la Cebada. Querían arreglar el mundo y ser felices.

¿Me quieres?, volvió él a preguntarle cogiéndole la mano.

¿Cuándo había dejado de amarlo?, se preguntó ella observando las paredes vacías de la habitación.

¿Me quieres?, repitió él por tercera vez".

(La foto es de una de las pinturas de Antonio Zaballos).

miércoles, 2 de agosto de 2017

Mis cuentos y "La rama dorada" de Frazer.

Me imagino los dedos de Azucena pasando las páginas de "La rama dorada" y haciéndolo ahora con las páginas de mis cuentos.

Antes de ayer la historiadora y profesora manchega Azucena López-Cano Medina escribió este post y lo acompañó con una fotografía que voy a guardar con cariño. Ahí están mis cuentos junto a uno de los libros más bellos y mágicos de la historia de la civilización occidental, "La rama dorada", del antropólogo escocés James Frazer.

Azucena escribió:

"Verano, regresar a tu pueblo con una maleta cargada de libros para leer y encontrar citado en uno de ellos aquel que tuve que trabajar y mucho en mis años universitarios. Lo busco y lo encuentro, con las huellas de estar hojeado exhaustivamente.

"Cada luz es un mito, porque lo semejante produce lo semejante.
Tú me hablas de la experiencia de lo sagrado en Mircea Eliade y yo te menciono la rama dorada de James Frazer y ese árbol del bien y del mal que da la luz.
Las fiestas no dejan de ser una nueva forma de entender la magia, como cuando el primer hombre se puso en pie, miró por encima de los árboles y lo recordó todo..."
(Justo Sotelo, "Cuentos de los otros").


Mientras leía estas palabras pensé en ese momento en que Eneas y la Sibila entregan la rama dorada a Caronte para poder entrar en el Hades, algo que luego utilizará Turner para pintar un cuadro con el mismo nombre y que incluso llegará a una de las tramas de la película "Apocasipsis Now", de Coppola, a la vez que Azucena sigue pasando las páginas de mis cuentos.

martes, 1 de agosto de 2017

Toda la vida me recuerdo escribiendo y viajando.

El otro día apareció esta foto en un álbum. Es de cuando recorrí Francia en tren, por primera vez, de arriba abajo.

En aquella época todavía escribíamos a mano, pero los sentimientos, las pasiones, la belleza de la vida, la fuerza espiritual que alimenta al ser humano eran las mismas.