lunes, 7 de junio de 2021

"Las manos del lector de libros".

Mi vida está llena de libros y de lecturas. Me tomo el primer café de la mañana y observo mis manos, sus marcas cargadas de memoria, y recuerdo tantas historias y tantas vidas que me han contado a lo largo de los años. Desde el pasado mes de febrero muchas manos están pasando las páginas de un poeta que se llama Gabriel Relham y que vive en una buhardilla del centro de Madrid. Ahora pienso en las manos de la artista parisina Patricia Vílchez apretando la novela contra su pecho en una playa del Mar Mediterráneo, en las de Abel Jara Romero desde su casa de Vallecas, Almudena Mestre desde la Casa del Libro de Orense, Angeles Vazquez Martinez desde Camas (Sevilla), con otra de mis novelas, "La paz de febrero", Charo Alonso Panero en su casa de La Laguna, junto a la plaza del Cristo, Elena Gayan con la imagen del bello puerto de Palma de Mallorca, Antonio Vaquerizas, uno de mis queridos ex alumnos, desde la localidad de Coslada en Madrid, Fernando Vallejo, mi querido poeta y sacerdote de Zaragoza, María Victoria Huertas, al lado del Parque de la Fuente del Berro, en Madrid, de nuevo la poeta Mirta Amanda Barbonetti en su hotel en los Dolomitas, Pilar Gil Aroca, junto a su taza de café en Madrid, Francisca Arias Tovar desde su amada Sevilla, Angels Santa Bañeres desde Lleida, Emma Prieto desde Madrid, Pepo Paz desde la FNAC de Callao, la pintora Matuka Nogales desde Valencia (con mis "Cuentos de los viernes" entre los dedos), la poeta, ensayista e historiadora de arte Efi Cubero, y también las fotos de Maria Charro, Su Mach y Rosalía Val
 
Me dejo muchas manos y muchas fotos sin poner, pero me gustaría abrazarlas a todas con mis manos, mientras me termino la taza de café en esta espléndida mañana de domingo. Seguro que las manos desean decirse cosas entre ellas que nadie más puede escuchar, como las canciones sin palabras de Mendelssohn:
 

sábado, 5 de junio de 2021

"Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente".

Al despertar esta mañana me ha venido a la cabeza la imagen de un cuadro de Paul Cézanne que estudié hace unos cuantos años en un curso de pintura en el Museo Reina Sofía (no pensaba dedicarme a la pintura, pero sí saber qué es lo que debo decir sobre un cuadro al escribir una novela; y lo mismo me sucede con tantas otras cosas). Paul Cézanne es el puente de unión entre el arte de los siglos XIX y XX. Se inscribió en la Academia Suiza para preparar el ingreso en la École des Beaux-Arts. En el Louvre pudo descubrir a Caravaggio y Velázquez. Cuando rechazaron su candidatura a la École, regresó a Aix y aceptó un empleo en el banco de su padre. En 1862 decidió volver a París para consagrarse a la pintura con una modesta ayuda económica de su padre. En esa época reanudó su amistad con Zola y conoció a Guillaumin y Pissarro, y se sintió atraído por el mundo artístico radical. En París rechazaban sus obras continuamente al no respetar la perspectiva ni la corrección anatómica, juzgándolas "en el límite de lo grotesco". Con estos pocos datos lo que quería decir es que los artistas y escritores que me interesan son los que hacen avanzar el arte y la literatura.
 
¿He dicho que es el Día Mundial del Medio Ambiente? 
 
Me gusta plantar árboles sin esperar a que den su sombra, como los de este cuadro de Paul Cezanne, "Millstone y cisterna bajo los árboles", como los de esta música de Arnold Schönberg que inspiró el "Doctor Fausto" de Thomas Mann: 
 

viernes, 4 de junio de 2021

"En la Feria del Libro del Retiro de hace 2 años".

Estoy firmando en la caseta de la editorial Bartleby, con Pepo Paz Saz, el editor, y María Victoria Huertas. Me lo recuerda hoy esta red social. Era esta misma época del año, con un luminoso y primaveral parque del Retiro. La fotografía me dice que los años van pasando, pero quedan las vivencias. A Pepo lo conocí cuando su editorial me publicó "Entrevías mon amour" en 2009, siguiendo los consejos de Manuel Rico, su director de poesía. Es una novela de amor y guerra dedicada a los que siempre pierden en las guerras. Desde entonces Pepo y yo nos convertimos en grandes amigos y hemos compartido muchas cosas de la vida privada. María Victoria me conoció leyendo los artículos y cuentos que publiqué durante varios años seguidos en el Diario Progresista dirigido por Antonio Miguel Carmona. Luego se incorporó a la tertulia del Gijón y nos hicimos buenos amigos. Es una persona elegante, entrañable, discreta, fiel a sus amigos. Sí, observo la foto con detalle, me tomo el primer café de una mañana de primavera y pienso en una frase de Pessoa que siempre me ha gustado, en el sentido de que somos de la altura de lo que vemos, no del tamaño de nuestra estatura. Y también pienso que el tiempo se me va escribiendo, dando clase y viviendo. De alguna manera firmar libros a mano o escribir un texto, un ensayo, un cuento o una novela en el ordenador es como tocar el piano, como abarcar todas las teclas que existen en la vida, las blancas y las negras, las luces y las sombras que definen nuestra propia vida, como abarcar todo el amor, como pudo hacer Chopin:
 



jueves, 3 de junio de 2021

"Centenario del Tractatus Logico-Philosophicus, de Wittgenstein".

El año 1921 se publicó uno de los libros de filosofía más relevantes del siglo XX. La Complutense preparó el jueves pasado una jornada para conmemorar el centenario, y quise escuchar alguna ponencia. Antes recordé varias cosas. Era la época de Picasso, del Grupo de Blommsbury, con Keynes y Woolf a la cabeza, del magisterio de la obra de Russell, del Círculo de Viena. Wittgenstein escribió en ese contexto que todo de lo que podemos hablar nos viene ya dado por el lenguaje. Podemos maravillarnos ante la existencia del mundo, pero, al mismo tiempo, no dejaremos nunca de reconocerlo como lo más cercano, lo cotidiano, la vida insondable. Lo que me interesa es saber que Wittgenstein quiso llevar el pensamiento hasta su límite. También recordé otras cosas. Por ejemplo que Otto Weininger fue el "enfant terrible" de la generación del "fin de siècle". Se suicidó en la casa donde murió Beethoven y nos dejó para la posteridad su libro 'Sexo y carácter'. Para Wittgenstein, la relación que establece entre genio y muerte se convirtió en una obsesión para escapar de la mediocridad. En cambio Karl Kraus le empujó hacia la claridad de lenguaje, entroncándose de esta forma con la línea que va de Freud a Schnitzler, de Schönberg a Kolo Moser, sin olvidar al arquitecto Adolf Loos, con quien Wittgenstein mantuvo amistad en busca de la pureza. En el mismo Prólogo de su Tractatus, Wittgenstein asegura que no es posible pensar el límite del pensamiento y que, por ello, solo cabe trazarlo en el lenguaje. Pero, podríamos preguntarnos de qué sirve trazar el límite en el lenguaje si aun así no vamos a poder pensarlo. Me imagino a Wittgenstein encerrado en sí mismo, como si estuviera separado del mundo y sus semejantes por una pared o un cristal invisible. Algunos estudios recientes han concluido que tal vez padeciera Asperger, pero más allá de este hecho el dualismo y la imposibilidad de derribar ciertas barreras se manifiesta en proposiciones tales como que el mundo de los felices es distinto al de los infelices. Después de todo, de lo que no se puede hablar es mejor callarse. 
 
Wittgenstein identifica la música de Brahms y Beethoven como la barrera que lo alejó del suicidio. Ahora me tomo el primer café, escribo este texto y escucho el principio de una sinfonía que forma parte de m cerebro desde que la escuché por primera vez siendo un niño. 
 
Es posible que existan personas cuyo lenguaje son ellos mismos:
 

miércoles, 2 de junio de 2021

"El café de Rick en Madrid".

Esta es una historia de héroes, y ayer por la tarde hablamos de ella en la tertulia del Café Gijón.
 
Patricia Martinez de Vicente nació en Londres, vivió mucho tiempo en Chamberí, en la calle Monte Esquinza, en la que sigue estando la Embajada Británica, estudió Antropología y creó una empresa tanto en Madrid como en México. Escribió un libro sobre el narcotráfico y se puso a escribir la historia de su padre. Hija del médico de la Cruz Roja y la Embajada Británica Eduardo Martínez Alonso, poco a poco fue conociendo la vida secreta de su padre, y cómo salvó a cientos de judíos durante la II Guerra Mundial, gracias a las conversaciones con su madre a lo largo de los años. Se sintió en la obligación moral de investigar los archivos de su padre en los que se contaba cómo ayudó a escapar del campo de concentración de Miranda de Ebro a los judíos prisioneros, tanto a través de su finca en Galicia como en el café Embassy de la calle Ayala de Madrid. Es una historia que ha ido creciendo a lo largo de las páginas de varios libros: "Embassy y la inteligencia de Mambrú" (2004), "La clave Embassy" (2010) y "El té de la libertad" (2021), sobre todo después de que el año 2005 se desclasificaran los documentos "secretos" en Londres, y ella fuera encontrando más documentos. Esta historia me recuerda a la de los héroes que salvaron tantas vidas en aquella guerra, y otras guerras, como por ejemplo "Los amnésicos" (2019), de Géraldine Schwarz, o "La guerra de los vencidos. El maquis en el maestrazgo turolense, 1940-50" (2016), escrito por la catedrática de historia Mercedes Yusta Rodrigo, que es hija de nuestro tertuliano Miguel Ángel Yusta. (En la segunda fotografía está Patricia y en la tercera la editoria de su último libro, Marta Prieto).
 
Y yo ahora me tomo el primer café de la mañana y pido a Sam que vuelva a tocar la canción. Ayer por la tarde, mientras escuchaba hablar a Patricia y después las preguntas que fueron surgiendo, no me la quitaba de la cabeza. El Café de Rick no existió en realidad. El Café Embassy sí lo hizo y allí se salvaron muchas vidas, gracias a su dueña, la irlandesa Margarita Taylor, que pudo ser colaboradora de la CIA. En la mayoría de los casos, nunca nos enteramos de la verdad de las cosas. Hay demasiados intereses geoestratégicos en la vida (acabo de dar un máster sobre este tema y se lo decía a mis alumnos). Sin embargo, como escritor no me interesa exactamente la verdad. Como se dice en "El hombre que mató a Liberty Valance", de John Ford, una de las películas más grandes del cine, cuando la leyenda supera a la realidad, nos quedamos con la leyenda.
 
"Play, it, Sam", por favor: 
 

martes, 1 de junio de 2021

"Blue World".

Este pasado fin de semana ha habido tres agresiones homófobas en Barcelona. Si eso ocurre en una ciudad cosmopolita, me imagino lo que puede suceder en otras partes -aunque no exista violencia física-, incluido el mundo virtual.
 
La humanidad ha avanzado de una manera incuestionable (hasta la muerte de Franco podías ir a la cárcel tan solo por ser homosexual), pero algunos sujetos viven aún en la Prehistoria. El otro día vi en un canal de Movistar una película que no se ha estrenado en los cines, "La estación de la felicidad" (2020), de Clea Duvall, que defiende la normalización de todo tipo de elección sexual, incluida la identidad "queer". Salvando las distancias, me recordó la película de Stanley Kramer "Adivina quién viene a cenar", que en el año 1967 abogaba por la eliminación del racismo. Ninguna de las dos películas es una obra maestra, pero es cierto que Spencer Tracy, Katharine Hepburn y Sindey Poitier se comían la pantalla, y ahora Kristen Stewart es un reclamo perfecto (la actriz no tiene ningún problema en declararse "queer").
Este es el tráiler de la película: 
 
Hace tiempo paseaba por la Gran Vía y me encontré con un amigo que es un personaje muy conocido y que se acababa de bajar del 2. Tras los saludos habituales le dije que me dirigía al Círculo de Bellas Artes a escuchar un concierto de jazz, y entonces me comentó que le apetecía acompañarme. Al pasar por Fuencarral nos cruzamos con dos chicas que iban de la mano, y que se pararon para besarse. Mi amigo se mostró sorprendido y las señaló disimuladamente con la mano abierta. Yo sonreí y le pegué un cariñoso empujón para que siguiéramos adelante. Un rato después escuchaba el concierto de jazz y me imaginaba un día donde la gente cenara sin importarles el color de la piel y las lesbianas se besaran y enamoraran de quien les diera la gana. Como en esta película, las actitudes reaccionarias suelen deberse a que la gente no se siente querida y valorada. Si fuera así dejarían de pensar en lo que hacen los demás, harían más el amor y escucharían a Coltrane para que el mundo fuera un poco más azul:
 

"Una tertulia dedicada al Schindler español".

En la tertulia del Café Gijón de este martes, la escritora Patricia Martinez de Vicente (tertuliana siempre que puede) nos va a hablar desde Barcelona del "Oskar Schindler español" con su novela "El té de la libertad" que acaba de publicar. En ella nos cuenta la historia de su padre, el doctor Eduardo Martínez Alonso, que participó en una red de evasión humanitaria para miles de perseguidos por el nazismo que llegaban a España huyendo de la guerra. En la historia juegan un papel importante los embajadores de la época, los espías y el café Embassy de la calle Ayala de Madrid (un lugar que también es relevante en mi novela "Poeta en Madrid").

Miles de personas recorrieron rutas secretas a lo largo de Europa en una desesperada huida para escapar del fascismo y los campos de concentración de Hitler. Una de esas rutas pasaba por Galicia, y concretamente por una finca del médico gallego Eduardo Martínez Alonso, que colaboró con la Inteligencia británica para salvar la vida de decenas de judíos perseguidos. Lo logró por su influencia en las altas esferas sociales inglesas y españolas, y entre los pescadores gallegos, que jugaron un papel importante en estos rescates, y a la ayuda de un grupo de civiles españoles e ingleses. Detrás de todos ellos aparece la figura de la Reina Victoria Eugenia y la del Gobierno británico de Churchill. Patricia cuenta en el libro las aventuras de su padre, Lalo, y de su madre, Moncha, que lo acompañó toda la vida y con el que tuvo que exiliarse a Londres huyendo de la Gestapo. Su proceso de investigación desembocó en la publicación de la novela "La clave Embassy" hace diez años, investigación completada en años posteriores por la nueva información desclasificada. La Raoul Wallenberg Foundation de Tel Aviv encargó en el otoño del 2020 la emisión de un sello de correos conmemorativo con la imagen y el nombre del doctor Eduardo Martínez Alonso como "Rescatador del Holocausto".
 
Ahora me tomo un café y escucho la música de este post: