domingo, 7 de julio de 2024

"Más allá del arcoíris".


 
No me gustan las banderas, y tan solo un poquito la bandera de la fotografía que me saqué ayer. Y eso porque representa la libertad y surgió a raíz de la canción de "El mago de Oz" que canta Judy Garland:
 
No me gusta que se discrimine a nadie por el color de su piel (ya hablaré de una exposición en La Casa Encendida y de una película que vi en este Centro de Arte antes de ayer, en parte con los ojos cerrados). Que se discrimine a nadie por sus inclinaciones sexuales o sus creencias religiosas y políticas.
 
Desde niño me educaron para respetar la vida de los demás, como una manera de respetarme a mí mismo.

sábado, 6 de julio de 2024

"Reivindicando el valor de la literatura".

 


Ayer Almudena Mestre me regaló la primera fotografía en el mar con dos de mis libros. Y ahora la observo mientras me tomo el primer café del sábado, y me detengo en "Las mentiras inexactas". Como la mayoría de mis libros lo he escrito a lo largo de mi vida. Primero vivo y luego escribo, como digo siempre. Viajo, leo, estudio, pienso y al final escribo como final de un proceso intelectual de mis ideas. Con esa novela que publiqué con la editorial Izana el año 2012 me planteé varias cosas, desde el futuro de la literatura hasta el futuro del amor, del sexo como una forma de luchar contra la muerte, de retrasarla en busca de la eternidad del amor. Como diría Nietzsche somos "demasiado humanos". También hay mucha amistad entre sus páginas, desde la propia portada, que confeccionó mi amigo Antonio Zaballos. No me preocupa demasiado lo que piensan los demás escritores sobre la edición de sus libros, pero yo siempre he pedido a mis editores que las portadas tengan algo de mí, alrededor de la amistad y el amor. Antonio y yo nos recorrimos varios sitios hasta dar con la portada, y mientras lo hacíamos nos dedicamos a vivir, a pasear, a beber algo en una terraza, a charlar sobre la vida. En la foto de portada está la estantería de una librería de viajes de Madrid que ya no existe, y el piano de las Cuevas de Sésamo que también ha cerrado. Pero hay algo que me pertenece, que siempre lo hará mientras esté vivo, la vida compartida con las personas que quiero.

Eso es la literatura para mí, y la vida.

En el capítulo segundo de "Las mentiras inexactas", el joven librero de la plaza Santa Ana, Sergio Barrios, invita a la madura profesora de literatura de la Complutense, Nora Barrios, a comer en un restaurante argentino situado enfrente de la casa donde murió Cervantes. Ese restaurante también ha cerrado ya, después de muchos años abierto (yo he comido ahí bastantes veces), y en él hablan Nora y Sergio (pp. 27-31):

"El restaurante se llenó en seguida. La gente hablaba a voces y dificultaba la conversación. En cierto momento aparecieron unos niños corriendo, bebieron agua en la barra de la entrada, se metieron en el comedor de las máquinas de coser y después en la cocina, y salieron con las manos llenas de comida, patatas fritas, trozos de pizza. En la calle apenas había sitio para jugar, pero se las habían ingeniado para dibujar en la acera con una tiza el reciento mágico de la rayuela. Lo demás consistía en golpear la piedra suavemente y llegar al paraíso.

Mientras brindaban con un vaso de vino y esperaban a que les sirvieran la comida, Sergio le habló de un disco célebre. "Aqualung" era un vagabundo que estaba sentado en un banco del parque (como cualquiera de los de la plaza), miraba a las chicas con malas intenciones y le salía un moco por la nariz (...)

Miguel Ángel se bebió la mitad de su vaso, y Sergio aprovechó para decirle que Nora Acosta era profesora de literatura comparada en la Complutense y estaba haciendo un estudio sobre el futuro de la novela.

¿El futuro de la novela?, se preguntó el pintor sorprendido. El futuro de la novela somos nosotros -dijo reaccionando en seguida.

Se puso a mover los pedales mientras soltaba una risa infantil. Al cabo de unos segundos se encontraba exhausto.

Ahí tienes la primera conclusión para tu estudio, dijo Sergio a Nora, que empezaba a sospechar que el joven librero era peligroso para su estabilidad emocional. Creía que lo tenía todo controlado, pero tal vez se equivocase. Solo faltaba que también viera a Sergio como un pirata valiente y atractivo, de esos que salían en las películas en blanco y negro de la televisión de su infancia (...)"

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Las otras fotos son del otro día en la Plaza Santa Ana, dominada por el Teatro Español, desde donde las hice, y el majestuoso hotel donde termina la novela. Alguna vez he dormido en la habitación de arriba a la izquierda. Lo que no diré es si Sergio y Nora terminaron acostándose allí, a pesar de la diferencia de edad. Lo que sí puedo decir es que yo empiezo el día, tras escribir este post, escuchando a Jetho Tull. Conocí su música gracias a mi hermano, como tantas cosas:

https://www.youtube.com/watch?v=ghi3JERO8_A&list=PLzEG2f9QAl8OyT-ILMN-8OnMic9I8DrSK&index=1

 



 

viernes, 5 de julio de 2024

"¿Qué llevan las mujeres en el bolso?"


 
A una mujer se la puede conocer por lo que guarda en el bolso. Sus misterios, sus secretos, sus amores e incluso sus desamores; ellas lo meten todo dentro, y los hombres a veces podemos conocerlo, aunque no siempre. Ahí dentro guardan la inmensidad, lo inefable, a ellas mismas, incluso pueden llevar un libro de Justo Sotelo. El otro día Mercedes Rodríguez Arias me envió esa foto con mis "Cuentos de los viernes" desde una terracita de Oviedo. Su bolso es grande y hermoso. Me gusta que lleve esos cuentos que empiezan con un prólogo y un epígrafe. Luego se pueden leer los primeros relatos, como "El baile" y "El tiovivo". 
 
El epígrafe (p. 11) dice:
 
"Ven
corporízame como yo te almo".
 
Gabriela Amorós Seller (La fragua cero).
 
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"El baile" (p. 13).
 
"Las palabras que escuchaban eran capaces de besarlos como si tuvieran boca, palabras de amor, de deseo, encadenadas al ritmo de la música y la voz.
 
Bailaron tras hacer el amor en su casa.
 
Los fados no se bailan, aseguró ella mientras él la apretaba contra su pecho. Cualquier cosa se puede bailar si se está enamorado, tenía él la mirada perdida, hasta una canción dolorosa y melancólica. La noche ha perdido su rostro, dijo ella. ¿Cómo se baila eso? Cerrando los ojos y dejándose llevar, dijo él. Cerrando los ojos…, murmuró ella y se apretó a su cuerpo. Al terminar el disco ella volvió a ponerlo por a primera canción, luego regresó a la cama. Se abrazaron y se recogieron como un ovillo. Ella se encontraba feliz entre sus brazos, y pequeña. Sentía que era algo contradictorio, incluso ridículo. Si por un lado necesitaba estar allí y oler su piel, por otro quería huir lejos, a cualquier lugar lleno de gente donde él no la encontrara. Él iría en su busca, por supuesto, pero ella se escondería. Y así podría nacer tranquilamente, con él y sin él, con su cuerpo y sin su cuerpo, con la sangre cayendo a borbotones sobre el cuerpo de su amante y sobre el suyo.
 
El disco continuaba sonando, y ellos se amaban como si fuera la última noche o la primera noche.
 
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"El tiovivo" (p.15).
 
"El mar se encontraba en calma, caía la noche y envolvía el tiempo y el espacio, y los animales de madera y de colores se preparaban para revivir la constante aventura de cinco minutos.
 
Ellos se acercaron midiendo el tiempo que los unía. Se miraban a los ojos, como si el mundo no existiera. Cuando hacían el amor era como si la evolución de la humanidad no tuviera otro sentido que reunirlos en un espacio sin coordenadas ni música. Ojalá no nos parásemos nunca, dijo ella. Y él asintió y buscó su mano, y la besó, mientras su beso daba la vuelta a las aceras, a la playa, a la ciudad aún despierta. Los niños y sus padres nos están mirando, aseguró él señalando con la mano hacia el espacio comprendido entre su tiempo y el tiempo de los demás. No veo a nadie, seguía ella acariciándolo con la mirada. No distingo las casas ni las luces, añadió, sólo creo en tu presencia cuando siento que me libero de mis recuerdos y los errores de mi vida. 
 
En el instante en que los caballos dejaban de correr, ellos supieron que nunca podrían bajarse de allí".
 
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Quién no ha querido hacer el amor alguna vez subido a un tiovivo mientras suena un fado en domingo, aunque sea viernes, como los cuentos: 
 

jueves, 4 de julio de 2024

"Seguro que eres gay o estás casado".


 
Hubo una época, cuando era joven, en la que al terminar el curso me iba a cenar y a bailar con mis alumnos. Es lo que tiene empezar a dar clase en la Universidad con 24 años, casi con la misma edad que mis alumnos, y no haber dejado de hacerlo. Esta fotografía me la ha enviado una antigua alumna de entonces. Observo la pajarita, el cigarrillo, el bar de copas y pienso que ya me había convertido en uno de los personajes de mis novelas y cuentos. Siempre he creído que más que ser escritor, lo divertido de la vida es ser el personaje de una novela o de una película, y antes haberlo vivido. Una de las chicas de la fotografía, Pilar, es la que me dijo lo de ser gay o estar casado, lo que dio lugar muchos años después a uno de los relatos del último libro que he publicado, "Un hombre que se parecía a Al Pacino". Lo hizo mientras bailábamos una canción lenta de Mecano:
 
Una de mis alumnas recientes, Isabel, que estuvo en la pasada Feria del Libro del Retiro, se rió mucho tras leer el título de ese relato con esa sonrisa alegre, ingenua y espontánea de las chicas de 20 años. Otra de las chicas de esta foto me regaló una ópera de Mozart, que todavía anda por casa.
 
Por cierto, ¿quién será Pilar en la foto?
 
 

miércoles, 3 de julio de 2024

"Pipes of peace".


 
Poco a poco estoy leyendo los libros que han llegado a mis manos durante los últimos meses y que no he podido leer con tantísimas clases. Cada libro que me llega es como una pieza más del tesoro que supone la cultura de la humanidad. Todos los que valoramos ese objeto llamado "libro" somos felices al menos unos instantes, unos minutos, los días en que abrimos y cerramos sus páginas. Yo sigo recordando algunos veranos de mi adolescencia dentro de los "Episodios Nacionales" de Galdós, cuya lectura me llevó a varios momentos inolvidables de mi vida. Entre sus miles de páginas hay mucha paz, pero también mucha guerra, como en la obra maestra de Tolstói.
 
Ayer por la tarde me senté en una terracita, y Antígona vino a mi encuentro y se sentó a mi lado. La poeta, narradora y artista gráfica Julia Otxoa (San Sebastián, 1953) defiende la palabra, y lucha para que no desaparezca entre las guerras y el olvido. Y ha escrito "Bajo los astros de la repeticion" (Averso, 2023), una reflexión simbólica sobre la barbarie en la que vive sumida la humanidad desde sus orígenes. En sus páginas participan desde Aquiles hasta Arendt con el fin de describir la violencia o los efectos éticos y morales de la guerra. Con la misma Arendt se pregunta, "¿qué hay en el lugar que ocupaba el lenguaje? /tan solo carne visitada por el desastre del silencio" (p. 18). Quizá haya que "nombrar la herida para evitar la repetición del dolor" (p. 25) y decir a Hugo von Hofmannsthal que "no puedo prescindir de la palabra" (p. 26).
 
Este es uno de los poemas completos del libro:
 
"Desvanecida" (pp. 16 y 17):
 
"Mientras Vasili Kandinsky inauguraba con su pintura
el arte abstracto,
en Europa estallaba la Primera Guerra Mundial,
luego vino la segunda,
y el poeta René Char escribió aquello de:
 
«¡Oh Historia! El mundo ha caminado tanto
desde tu llegada,
que no es más que una vasija de huesos,
un voto de crueldad.
¡Oh, dama desvanecida, sirvienta del azar...!».
 
Vivimos un siglo bárbaro.
 
Pero ¿cuál no lo fue?
A lo largo de la historia de los hombres,
los asuntos de nuestra condición
han sido llevados siempre a lomos de la violencia y la intolerancia.
Nuestros armarios han estado más de una vez
llenos de muertos.
 
Con orgullo hemos arrojado a las llamas
los grandes libros del pensamiento,
ignorando la vida,
alzándonos sobre nuestras propias ruinas
con el aroma de las cosas
arrancadas.
 
Todo parece indicar
que extraños Homo sapiens bajo la bóveda del cielo, envanecidos, ebrios de desconocimiento,
vamos con mucha prisa hacia ninguna parte".
 
Esta es una interesante entrevista que le hizo Ángeles Encinar, una catedrática de literatura con la que he coincidido en algún tribunal de tesis, y que nos permite conocerla mejor:
 
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Este miércoles, como siempre, me tomo el primer café escuchando música, una de las canciones de Paul McCartney. Es una oda a la paz y a la humanidad compartida, reflejando el espíritu pacifista de McCartney y su compromiso con causas humanitarias. El video musical, dirigido por Keith McMillan, recrea el famoso evento de la tregua de Navidad durante la Primera Guerra Mundial, donde soldados británicos y alemanes se unieron en la "Tierra de Nadie" para celebrar la festividad. Yo también soy de los que piensan que la palabra, de una canción o de un libro, puede dejar fuera la violencia sin que Antígona tenga que morir. 
 
Supongo que Julia Otxoa estará de acuerdo conmigo:
 

martes, 2 de julio de 2024

"El soneto XXIII de Garcilaso y un ballet de Chaikovsky".


 
"En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
enciende al corazón y lo refrena;
 
y en tanto que el cabello, que en la vena
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena;
 
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado
cubra de nieve la hermosa cumbre.
 
Marchitará la rosa el viento helado,
todo lo mudará la edad ligera,
por no hacer mudanza en su costumbre".
 
Con este soneto que releí ayer paseando por el Retiro os doy las gracias por los comentarios que escribisteis al post del carpe diem. Garcilaso recrea dos tópicos clásicos, "collige, virgo, rosas" (coge, doncella, las rosas de la vida), y el "carpe diem" (disfrutad ahora). Así se invita a los jóvenes a gozar de la vida antes de que el tiempo acabe con todo. La amada aparece descrita de modo impresionista, a través de unos rasgos que remiten al ideal de belleza femenina del Renacimiento: la tez sonrosada, la mirada brillante, el cabello rubio, largo y suelto, la esbeltez del cuello.
 
Y la música de mi primer café, "La bella durmiente", de Chaikovsky, que tanto me emocionó cuando lo escuché por primera vez un verano de mi adolescencia. Es una de esas músicas que siempre me recuerdan la vida, como el poema de Garcilaso, que me trae Toledo y mis primeros viajes en tren hacia una ciudad de la que me enamoré mientras me enamoraba del amor:
 

lunes, 1 de julio de 2024

"Carpe diem".

 

Hacía un siglo que no paseaba por el Botánico por el simple hecho de pasear, sin buscar nada, para "perder el tiempo", buscando las sombras de los árboles y el ruido de las fuentes. De joven era uno de mis paseos habituales para leer el último libro que me acababa de comprar en la Cuesta Moyano. Recuerdo dos libros de aquellos que paseé bastante por allí y que regalé mucho en su día, "El siglo de las luces" y "Rayuela". Ayer me dio por buscar el árbol que utilicé como nombre para la protagonista de mi novela "Vivir es ver pasar", Melia Azedarach. Sin embargo, no lo encontré, aunque me saqué una fotografía delante de uno que me gustó por su valor semántico, el Carpinus betulus, el carpe blanco o carpe europeo, conocido solo como carpe. Lógicamente, me recordó la oda mítica de Horacio, de la que me examiné cuando hice la carrera de Teoría de la Literatura en "Tradición clásica". El catedrático de Latín, Vicente Cristóbal, nos preguntó por los poemas que se habían referido al "Carpe diem" a lo largo de la historia, desde el inicial de Horacio. En la mitología romana, Leucónoe es una hija de Neptuno y de Temisto. Su nombre significa "de mente blanca".​ 
 
"Carminum I, 11".
 
"No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a ti y a mí, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea este el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos escollos.
Sé prudente, filtra el vino
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No te fíes del incierto mañana".
 
Quinto Horacio Flaco nació en Venusia, hoy Venosa, Basilicata, en el 65 a.C. Fue el mayor poeta lírico y satírico de su tiempo en lengua latina. Los principales temas que trató en su poesía son el elogio de la vida retirada en "Beatus ille" y la invitación a gozar de la juventud en "Carpe diem", retomados por Garcilaso de la Vega y Fray Luis de León. Murió en Roma el 8 a.C. Mi mente me lleva entonces a Pedro Salinas y al proceso de estilización literaria de "La voz a ti debida", que en mi literatura plasmé en los "Cuentos de los viernes". Pienso en Omar Khayyam, cuando nos dice: "Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy. Coge un cántaro de vino, siéntate a la luz de la luna y bebe pensando en que mañana quizá la luna te busque en vano".
 
En fin, la vida como la literatura: