lunes, 4 de julio de 2016

El amor de la gitana.

El otro día una gitana simpática, de esas vestidas de negro de arriba abajo y un poco entrada en carnes, detuvo mi camino y me alargó una rosa.

Venga, rey, regálasela a tu novia, me dijo, no seas desaborío... Sin darme tiempo a decir nada, me miró de arriba abajo y añadió que era la rosa mágica que nunca se marchita.

La miré con cariño y me hice una foto en el mismo sitio donde la señora estaba apoyada.


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