jueves, 21 de julio de 2016

En el estudio del pintor Antonio Zaballos.

Tiene algo de mágico pasar la noche en el estudio de un pintor. Estás rodeado de fantasmas, casi a punto de meterte en sueños en uno de los cuadros.

El estudio de Antonio Zaballos en Béjar (Salamanca) no es el Atelier de Courbet pero a mí me lo ha recordado y eso que tampoco estoy en el Museo de Orsay.

Aun así, como escribí hace años en la introducción al Catálogo de una de sus exposiciones, su pintura vive entre el Realismo y el Surrealismo en busca de un mundo único, que mezcla la luz y los sentidos con una técnica depurada (se fue a estudiar de joven a París y estuvo a punto de quedarse por allí, aunque decidió trabajar en el Círculo de Bellas Artes de Madrid).

Antonio y yo miramos la vida de forma parecida, quizá por eso seguimos siendo amigos después de treinta años, cuando nos encontramos en las Cuevas de Sésamo.

Yo le narro la vida que él no sabe que vive y él me la devuelve con la sinestesia de la luz. Voy a ver si desayuno en el voluptuoso interior de uno de sus cuadros.

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