miércoles, 6 de julio de 2016

Somos los libros que leemos y el cine que vemos.

- "Si fuera un rancho me llamarían tierra de nadie", dijo ella.

- "Te odio tanto que no puedo quitarte del pensamiento, dijo él. Estás en el aire que respiro y en la comida que tomo".

Después de frases como estas, siempre me he preguntado por qué las películas clásicas de Hollywood terminaban bien, como apasionadas y borrascosas historias de amor.

No sé por qué me gustan tanto estas películas. ¿Quizá porque los que hemos nacido en el siglo XX venimos de la literatura romántica del XVIII y el XIX? Después de todo es posible que todas las cumbres sean borrascosas y Emily Brönte tuviera razón.

(Tras ver anoche "Gilda" en video por enésima vez).

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