miércoles, 6 de julio de 2016

Wittgenstein lee "La Rama Dorada" de Frazer.

El otro día paseaba por la calle Arenal y me detuve un rato en el viejo puesto que está al lado de la Chocolatería de San Ginés, con los libros usados de toda la vida.

Compré un pequeño libro que he leído esta mañana de un tirón mientras me tomaba mi café solo y que me ha hecho reflexionar unos minutos, como ocurre siempre con los buenos libros, aunque en este caso apenas sean unos apuntes.

Wittgenstein lee "La Rama Dorada" de Frazer.

En nuestro lenguaje está depositada toda una mitología, una forma de intentar comprender la evolución del ser humano desde la Antigüedad.

Cuando un fenómeno se une a nuestro instinto esencial de seres humanos, se logra la explicación deseada, como ocurre por ejemplo con la idea de purificación del fuego, el significado ancestral del árbol y la magia del logos o la palabra. La ciencia buscará una explicación lógica, pero ya será otra cosa. El material empírico es desbordado por la relación humana que lo atraviesa. El "entorno" es una manera de actuar.

¿Magia, religión, ciencia?

Al final nada es más bello como la propia belleza.

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