viernes, 13 de abril de 2018

Un bello sol interior.

"Solo los enamorados se entienden entre ellos. El enamorado es subversivo, su conducta escandaliza y altera a los que no lo están porque les recuerda que ellos no son correspondidos como él".

Son ideas que se encuentran en el ensayo "Fragmentos de un discurso amoroso" (1977), del filósofo y semiólogo francés Roland Barthes. A partir de él, la directora francesa Claire Denis ha filmado su película "Un bello sol interior", que se acaba de estrenar en los cines Golem de Madrid.

El amor romántico no está de moda y por eso me parece interesante. Juliette Binoche interpreta a Isabelle, una pintora de éxito en el mundo del arte de París, divorciada y con una hija de 10 años, que busca el amor y, para ello, recorre todos los estados del enamoramiento, persuadida de que solo existe una persona a lo largo de nuestra vida de la que, realmente, nos vamos a enamorar, aunque se conozca a otras personas. Se plantean aspectos interesantes sobre cómo se vive el deseo en torno a los 50 años o si solo sirve el sexo en una pareja cuando ha desaparecido la comunicación intelectual. En esta película veo cosas del cine del director sur coreano Hong Sang-soo, del francés Philippe Garrell y de la mítica Nouvelle Vague. Es un cine donde se disfruta de la palabra y de una de las mejores actuaciones de Binoche.

Este es un trailer:

https://www.youtube.com/watch?v=ftClH-N4JfA

Del lenguaje y de la inteligencia de Barthes siempre se disfruta. Estos son algunos fragmentos de su ensayo:

http://www.enfocarte.com/7.32/barthes.html

Y este es uno de esos fragmentos:

"Hay dos afirmaciones del amor. En primer lugar, cuando el enamorado encuentra al otro, hay afirmación inmediata (psicológicamente: deslumbramiento, entusiasmo, exaltación, proyección loca de un futuro pleno: soy devorado por el deseo, por el impulso de ser feliz): digo sí a todo (cegándome). Sigue un largo túnel: mi primer sí está carcomido de dudas, el valor amoroso es incesantemente amenazado de depreciación: es el momento de la pasión triste, la ascensión del resentimiento y de la oblación. De este túnel, sin embargo, puedo salir; puedo "superar", sin liquidar; lo que afirmé una primera vez puedo afirmarlo de nuevo sin repetirlo, puesto que entonces lo que yo afirmo es la afirmación, no su contingencia: afirmo el primer encuentro en su diferencia, quiero su regreso, no su repetición. Digo al otro (viejo o nuevo): Recomencemos".


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