martes, 13 de octubre de 2020

"Proust nos visitará esta tarde en la tertulia on line del Café Gijón".

Será, como cada martes, a las 18.30, y vendrá de la mano de Fernando Gil Villa, catedrático de la Universidad de Salamanca, que ha escrito un ensayo sobre una de las novelas esenciales de la literatura de todos los tiempos. Si hay una obra que cambió la percepción de la "teoría de la sentimentalidad" en el siglo XX fue "En busca del tiempo perdido".

Ya sé que mucha gente puede vivir sin mojar la magdalena en un té o en un café, inclinando la cabeza ante el jefe de turno, sacando banderas a la calle mientras tocan el claxon, apoyando a dictadores que prometen sacarnos de la pobreza o que garanticen el dominio de la raza blanca, los machos alfa y los poseedores de la verdad absoluta. Pero yo no puedo, y tal vez por eso sigo organizando tertulias de literatura basadas en la libertad de opinión y tomándome un café cada mañana en este rincón del mundo que llamamos Facebook. Y escuchando una música como esta:

https://www.youtube.com/watch?v=PrWpQsLxMOM

Si Marcel Proust hubiera conocido en París a Romy Schneider seguro que la habría convertido en su adorada Albertine, aunque su gran amor fuera un hombre.

Son las cosas de la vida.

 


 

lunes, 12 de octubre de 2020

"Los límites de mi lenguaje".

Este virus está cambiando determinadas cosas en nuestra vida, pero otras son invencibles. Por eso sé que el confinamiento es más una cuestión física que mental, y también que mi cerebro es libre e independiente. No obedece a nada ni a nadie, es inconquistable. También sé que a este primer café de un lunes de otoño únicamente le falta una canción. Y podría ser la canción más hermosa del siglo XX:

https://www.youtube.com/watch?v=AsKlTtrqj7g

Hubo un tiempo en que la ponían siempre en Radio Madrid, la radio que se escuchaba en casa de pequeño. Era una de las canciones que interpretaba Manolo, el pianista de las Cuevas de Sésamo, cada vez que me veía bajar las escaleras del viejo café para encontrarme con mis amigos tertulianos de entonces, Antonio Zaballos, Miguel Ángel Andés y Pepe Utrera, entre otros. Los tres eran mayores que yo y por unas razones u otras ya no están aquí. Los tres formaron parte de mi vida más o menos tiempo y hasta los invité a mi casa, a entrar en mi vida privada. En su memoria podría recitarles los versos de Jacques Brel, aunque sé que no hace falta. Entre otras cosas soy escritor para recordarme a mí mismo las cosas y a las personas que amo y he amado (los tres están en la última novela que he querido publicar, "Las mentiras inexactas").

Sé que todo lo que he vivido no me abandonará nunca porque forma parte de mí.

Me gusta vivir la vida con todas sus consecuencias.

 


 

domingo, 11 de octubre de 2020

"Un mundo gay".

¿Nos vamos a París y escuchamos esta música de Henry Mancini?
¿Cómo sería un mundo sin fascismos ni totalitarismos, sin homófobos, sin racistas, sin machistas, sin personas que quisieran imponer sus opiniones a los demás? Sería un mundo "gay" en el estricto sentido de la palabra, un mundo donde mandara el amor libre, un mundo de alegría, cariño, bondad. Un mundo lleno de generosidad. Quizá estemos en 1936 en medio de una película de 1982. Y la gente cante en los cabarets de París mientras afuera no deja de nevar. A lo mejor recordamos cosas de "Con faldas y a lo loco", "Desayuno con diamantes" y "El guateque". Y a quién sabe si juguemos con la ambigüedad y las apariencias, sobre cómo es cada persona y cómo nos ven los demás.
 
¿He dicho que esto es vivir desde la pura alegría? Además se podría bailar y cantar al ritmo del jazz:
 



"El ciudadano ilustre".

Ayer seleccioné para este espacio de las redes sociales un hermoso poema de la reciente premio Nobel de Literatura y me marché a clase.
 
Un día antes la pintora valenciana Matuka Nogales me escribió para decirme que había vuelto a ver la película argentina "El ciudadano ilustre" y le había recordado a mí. Es de 2016, está dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn e interpretada por un estupendo Óscar Martínez en el papel de un escritor que se llama Daniel Mantovani y también recibe el Nobel. Mantovani abandonó su pueblo natal de joven para residir en Europa y no había vuelto. En Europa triunfó escribiendo sobre su localidad natal, Salas, y sus habitantes, a los que convirtió en personajes de sus novelas. La película comienza con el discurso de agradecimiento a la Academia sueca y continúa con la invitación que le hace el alcalde de ese pueblo de la Argentina profunda para nombrarle "ciudadano Ilustre". Contra todo pronóstico, decide cancelar su agenda y aceptar la invitación. Lo que podría haber sido una agradable estancia se convierte en un infierno ya que, por un motivo u otro, todo el mundo le envidia o le odia. Como una especie de reverso oscuro de la Ilustración, esta película reflexiona sobre el hecho del "todo por el arte pero sin el arte" tan paradójico como habitual en estos tiempos. Los dos directores señalan la cómica contradicción que supone la instrumentalización del arte en que no importa la obra, ni siquiera el mismo artista, tan solo la idea que este representa -el eslogan, la mercadotecnia- y cómo se puede utilizar.
Me hago estas reflexiones mientras tomo el primer café de esta hermosa mañana de otoño en Madrid, y sigo hablando de Argentina. 
 
El mismo día en que me escribó Matuka también lo hizo la música argentina (y profesora de música) Hebe Rosell Masel para decirme que había estado paseando por mi perfil y quería agradecerme que citara una obra de flauta de Debussy. Con su permiso, reproduzco sus palabras: "Me encanta ser tu amiga, por lo que disfruté paseando liviana y alegre por tu perfil. Te cuento que estos últimos meses estoy retomando la flauta traversa después de más de cincuenta años. Estoy abrazando con todo el aliento y la emoción "Syrinx" de Debussy, que fue la dulce ave que más me gustó tocar. Y que era la pieza que mi padre ciego, músico y poeta, me pidió tantas veces que le aleteara para él. Y abría las ventanas de nuestra casita en un barrio humilde de Buenos Aires "para que saliera volando". 
 
Tampoco quiero olvidar que ese mismo día fue el santo de mi amiga tinerfeña universal Charo Alonso Panero y que me envió muy temprano una botella de Möet Chandon para desayunar virtualmente con ella antes de irme a la Universidad.
 
Desconozco con qué brindan los ciudadanos ilustres a estas horas de la mañana, pero a mí no me importa hacerlo con champán y con mis amigos. Y bailar un tango, claro:
 

viernes, 9 de octubre de 2020

"Escila", un poema de la premio Nobel de Literatura 2020 Louise Elisabeth Glück.

"Escila".

"No yo, tonta, no yo sino nosotras, nosotras: olas
azules y celestes como
una crítica al cielo: ¿por qué
atesoras tu voz
si ser algo es lo que sigue
a no ser nada?
¿por qué alzas los ojos?, ¿para oír
algo así como un eco de la voz
de dios? Sois todos iguales:
solitarios, de pie sobre nosotras, planificando
vuestras vidas absurdas; vais
donde se os manda, como todas las cosas,
donde el viento os plante, unos y otros
mirando siempre
hacia abajo, viendo alguna imagen
del agua y escuchando qué: olas,
y sobre las olas, pájaros cantando".

(De "Iris salvaje" (1992), versión de Eduardo Chirinos. Es una poema de la Premio Nobel de Literatura 2020 Louise Elisabeth Glück, Nueva York, 1943).

 


 

jueves, 8 de octubre de 2020

"Elegí amar a quien quiero cuando quiero".

El otro día dije que me gusta escuchar a Juliette Gréco cuando atardece y ceno un trozo de queso, un racimo de uvas y una copa de vino, al igual que los bohemios de la ópera de Puccini. La musa de los existencialistas murió el pasado 23 de septiembre, a los 93 años, tras una vida de canciones, arte y amor. Era "la diva de Saint-Germain-des-Près", mi barrio preferido para dormir cuando voy a París a dar una vuelta, cerca de los cafés de "Flore" y "Les Deux Magots".

Aquí está su voz, bajo el cielo de París, como podría ser el de Madrid, el escenario de todas mis novelas:

https://www.youtube.com/watch?v=oieG0DHfISE.

Se casó tres veces, tuvo una hija y dicen que decenas de amantes (Camus, Vian, Sartre, Welles, Zanuck, Gainsbourg, por decir algunos). Queneau dijo que era la "dama de negro de la chanson y la rosa negra de los patios/ de la escuela de los niños que no son sabios". Anoche me acordé de ella y esta frase volviendo a ver "Los 400 golpes" (1960), de Truffaut. Otro aspecto que me agrada de Gréco, junto a su voz grave y parisina, es que siempre defendió a los débiles y estuvo en contra de los fascismos y totalitarismos. Perteneció a la Resistencia, fue a la cárcel, como su madre y su hermana, y siendo casi una adolescente se convirtió en actriz. Sartre se prendó de ella y le animó a dedicarse a la canción; su primera canción la escribió el mismo Sartre. Gréco conoció a Miles Davis en el Hotel "La Louisiane" de la rue de Seine, un lugar donde las puertas de las habitaciones permanecían siempre abiertas, funcionaba la solidaridad y era el punto de llegada de los músicos de jazz procedentes de los Estados Unidos. Davis fue su primer gran amor, y quizá lo haya sido siempre, a pesar de que él ya estuviera casado en esa época. Davis dijo que también la amaba, pero no quería arruinar su vida al ser negro. "Sabía que yo sería una infeliz y que me habrían tratado como la puta de un negro en Estados Unidos”, comentó Gréco en una columna en The Guardian en 2006.

Creo que es una buena idea escuchar su versión de "Las hojas muertas" en este romántico otoño:

https://www.youtube.com/watch?v=2ZdJnyOw73k

También lo es escuchar la canción de los viejos amantes, de Jacques Brel. Ella tenía 88 años cuando la interpretó en esa ocasón y a lo mejor seguía acordándose de Davis. Yo lo hubiera contado así en una novela:

https://www.youtube.com/watch?v=9ZuBspMrx3I


 

"Galdós".

En el centenario de uno de los grandes escritores de la literatura de todos los tiempos, la tertulia del "Café Gijón" no podía dejar de homenajearle. Y lo hicimos de la mano de uno de los grandes expertos en su obra, German Gullon, que nada más empezar la tertulia nos habló del libro que escribió su padre sobre Galdós y que le dedicó con apenas unos años de edad, lo que influyó en él para siempre.

Hablamos de los celos que siempre han tenido a Galdós tantos escritores españoles, empezando por los escritores del 98 y siguiendo con los de generaciones posteriores. Seguramente, la esperanza no sea lo último que se pierde, sino la vanidad, sobre todo entre escritores y artistas en general. Galdós no solo fue un magnífico escritor, sino que tuvo mucho éxito a lo largo de toda su vida. Se puede decir que aportó a la literatura española las visiones realista, naturalista y fantástica que triunfaban en otros países. Y junto a Clarín y Pardo Bazán formó un trío de grandes escritores y grandes críticos.

Hablamos de las cuatro mujeres de su vida, Lorenza Cobián (que fue el modelo de Fortunata), Emilia Pardo Bazán, su gran amor durante dos años, hasta que ella tuvo una aventura con Lázaro Galdiano, Concha Ruiz Morel (modelo de Tristana) y Teodosia Gandarias, con la que estuvo más tiempo y que supuso un amor más sereno.

Y hablamos de las traducciones de Galdós, del Galdós republicano, católico y anticlerical, de Galdós y el cine y los cafés (también fue tertuliano del Café Gijón y el Universal), del coleccionista de arte y del músico. Galdós fue un enamorado de la música de Bach, Mozart y Beethoven, sobre todo de este último.

Mucho se ha hablado del Galdós en una España en blanco y negro, cuando si se leen sus novelas se observa que escribía literatura en color. Siempre defenderé sus Episodios Nacionales, que me enseñaron a entender tantas cosas. Y es que, como dijo Germán Gullón, si un español no lee a Galdós, no entenderá la España actual.

Me gusta tanto la música como a Galdós, y me voy a dar clase escuchando su obra favorita de Beethoven, además con una excelsa Janine Jansen al violín:

https://www.youtube.com/watch?v=LQ5vciYlfk8