lunes, 12 de octubre de 2020

"Los límites de mi lenguaje".

Este virus está cambiando determinadas cosas en nuestra vida, pero otras son invencibles. Por eso sé que el confinamiento es más una cuestión física que mental, y también que mi cerebro es libre e independiente. No obedece a nada ni a nadie, es inconquistable. También sé que a este primer café de un lunes de otoño únicamente le falta una canción. Y podría ser la canción más hermosa del siglo XX:

https://www.youtube.com/watch?v=AsKlTtrqj7g

Hubo un tiempo en que la ponían siempre en Radio Madrid, la radio que se escuchaba en casa de pequeño. Era una de las canciones que interpretaba Manolo, el pianista de las Cuevas de Sésamo, cada vez que me veía bajar las escaleras del viejo café para encontrarme con mis amigos tertulianos de entonces, Antonio Zaballos, Miguel Ángel Andés y Pepe Utrera, entre otros. Los tres eran mayores que yo y por unas razones u otras ya no están aquí. Los tres formaron parte de mi vida más o menos tiempo y hasta los invité a mi casa, a entrar en mi vida privada. En su memoria podría recitarles los versos de Jacques Brel, aunque sé que no hace falta. Entre otras cosas soy escritor para recordarme a mí mismo las cosas y a las personas que amo y he amado (los tres están en la última novela que he querido publicar, "Las mentiras inexactas").

Sé que todo lo que he vivido no me abandonará nunca porque forma parte de mí.

Me gusta vivir la vida con todas sus consecuencias.

 


 

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