martes, 4 de octubre de 2016

"Si Marilyn Monroe te hubiera conocido, estoy segura de que también te habría amado y admirado".

Dijo en mi post de Facebook de 19 de septiembre MarySol Mosteirín.

Es curioso, pero además de compararme con tanta gente a lo largo de mi vida, por cuestiones físicas o intelectuales (Al Pacino, Gustav Mahler, José Luis Sampedro, Woody Allen, etcétera), también lo han hecho con el escritor Arthur Miller desde que llevo estas gafas de pasta de Versace.

Monroe no es una de mis actrices favoritas. Siempre me han gustado las mujeres flacas y morenas como Audrey Hepburn, Jean Simmons, Romy Schneider, Natalie Wood, Lauren Bacall, Jean Peters, Pina Pellicer (de la que me enamoré con doce años viendo "El rostro impenetrable").

No obstante, en "Bus Stop", "Con faldas y a lo loco", "La tentación vive arriba" y "Vidas rebeldes" está genial. En los últimos años he analizado y aplicado en mi obra las ideas del mito clásico griego y su conversión en el mito contemporáneo. Y Marilyn Monroe podría incluirse, de alguna forma, en la idea del "inconsciente colectivo" del que nos habló Jung y que trasciende el "inconsciente personal" de Freud.

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