martes, 8 de enero de 2019

"Un asunto de familia", de Kore-eda.

¿Dónde reside el verdadero secreto de la felicidad? ¿Qué nos hace querer a unas personas y no sentir nada por otras? 

Ayer mencioné la película del director japonés Hirokazu Kore-eda que ganó la Palma de Oro de Cannes en 2018. Nació en Tokio en 1962, y es uno de los directores japoneses que estrena todas sus películas en Europa desde que hizo "Nadie sabe" en 2004. "Un asunto de familia" (Manbiki Kazoku) la estrenó en el pasado festival de San Sebastián.

Tras uno de sus habituales hurtos, Osamu y su hijo encuentran a una niña en la calle, hambrienta y con frío (en el Japón de esta película siempre nieva o hace frío en la calle). Al principio, la mujer de Osamu no quiere que se quede con ellos (con la abuela y una cuñada), pero termina apiadándose de ella, ya que se enteran de que sus verdaderos padres la maltratan. A pesar de sobrevivir con muchas dificultades gracias a pequeños robos, la familia es feliz, pero un incidente imprevisto revela un secreto que pone a prueba los lazos que les unen.

Kore-eda es un estupendo director de actores y un excelente guionista. El último tercio de la película es de una profundidad moral inusual en el cine reciente, al menos que yo haya visto. Los seres humanos buscamos amor por encima del dinero y la comodidad, y lo que hace Kore-eda es filmar la poesía más profunda que existe en todos nosotros, aunque lo que se sepa por la TV, los medios de comunicación y las redes sociales nos convierta en personas deshonestas y fuera de la ley. A lo largo de toda la película los espectadores esperamos a que el hijo pronuncie la palabra esencial, en realidad a que todos los miembros de la familia la pronuncien. El rostro de la madre, envuelto en lágrimas, es realmente poderoso, y yo aún no lo he olvidado.

Esta película es una parábola sobre la felicidad, y la constatación, una vez más (como escribí en mi tesis sobre Murakami), de que los seres humanos somos iguales, sin distinciones de sexos, razos y lenguas.

lunes, 7 de enero de 2019

"9 y 1/2".

Una de las cosas que me divierten es meterme en el interior de una película o de una novela en cuanto se descuida el autor, que puedo ser yo mismo. A ver si me encontráis, amigos, en este post.

Eso me ocurrió el otro día en una librería sobre cine que se llama "8 y 1/2", en honor de Fellini. Estuve buscando un buen rato al director de cine Guido Anselmi (un Marcello Mastroianni siempre maravilloso) empeñado en filmar, infructuosamente, su nueva película mientras descansa en un balneario y le asaltan los recuerdos, oníricos y surrealistas, de su vida. Anselmi discute con el guionista, intercambia impresiones con varios miembros del equipo de producción y lo rodean su mujer Luisa (Anouk Aimée), su amante Carla (Sandra Milo), la encarnación de la pureza que representa Claudia (Claudia Cardinale) y buena parte de las personas que han tenido algo que ver en su vida. 

La música de Nino Rota hace lo demás: https://www.youtube.com/watch?v=nWqC6kRCLjI

La manzanilla me sentó bien y me gustó la última película del japonés Kore-eda, "Manbiki Kazoku", de lo mejor que se puede ver en Madrid.

¿Me habéis encontrado ya?






domingo, 6 de enero de 2019

"La memoria de un hombre está en sus besos", escribió Vicente Aleixandre en uno de sus poemas.

Hasta el pasado mes de diciembre esta estación del Metro de Madrid que fotografié el otro día se llamaba "Metropolitano", como recuerdo del antiguo campo de fútbol del Atlético de Madrid, construido el año 1923 y destruido durante la Guerra Civil. La casa del poeta que recibió el Premio Nobel el año 1977, nació en Sevilla en 1898 y vivió y murió en Madrid en 1984 está en la calle Velintonia, a escasos metros de este lugar, en uno de los extremos de la Ciudad Universitaria, nacida a finales de los años veinte con Alfonso XIII. En ella se ubican casi todos los edificios de la Universidad Complutense y de la Politécnica, así como gran cantidad de colegios mayores. Aleixandre tenía otra casa también muy poética en Miraflores, un pueblo de la sierra de Madrid, donde suceden algunas escenas de mi novela "La paz de febrero" que evocan al poeta y donde me gusta perderme, como en tantos lugares de este mundo donde también me pierdo líricamente.

Reconozco que siempre he tenido buena memoria.

Feliz día de Reyes y de besos.


sábado, 5 de enero de 2019

"Roma", del director mexicano Alfonso Cuarón.

Esta película es el cine. Los títulos de crédito aparecen sobre el suelo de entrada de una casa. El agua cae sobre las baldosas, antes de perderse por el sumidero. El efecto óptico provoca la aparición del cielo reflejado en el suelo. Un avión atraviesa ese cielo.

En las siguientes dos horas los ojos de Cleo nos contarán cosas de la vida cotidiana de una familia de clase media alta que vive en Roma, una colonia de la capital. Son cuatro hermanos pequeños, la madre, la abuela y un padre médico que los abandona. Cleo es la nana ficticia y a la vez real (se llama Liboria) que cuidó a Cuarón cuando era niño. Lo que hace que esta película no sea de "autoficción" es el hecho de que los recuerdos del director se enfrentan a los de su cuidadora, y no coinciden. Y ahí empieza el arte, ya sea en cine o literatura.

Cleo es Yalitza Aparicio, una profesora de 25 años de origen mixteco, que nunca había sido actriz. Resulta enriquecedor escuchar los diálogos en su lengua con su hermana (por supuesto hay que ver la película en el cine, con subtítulos). Sin embargo, lo demoledor de esta historia es constatar que apenas sabemos nada de lo que nos rodea. Los acontecimientos suceden ante los ojos de Cleo, como nos ocurre a los espectadores mientras vemos la película, pero ella no acierta a comprenderlos del todo (la separación del matrimonio, la frialdad de los hijos mayores con ella, un fuego que se inicia en un bosque, un doloroso parto, la matanza del Jueves Santo del año 1971 perpetrada por el grupo militar 'Los Halcones', responsable de la muerte de 120 personas en una manifestación de estudiantes). Solo empezamos a entender cuando participamos directamente en la vida, algo que ocurre en la película en el instante en que Cleo salva a dos de los niños de morir en el mar (es el cartel de la película).

Al final la madre se pone a trabajar en una editorial y el avión vuelve a atravesar la pantalla mientras Cleo sube a la terraza para tender la ropa. Ya forma parte de la familia, y Cuarón lo sabe.

viernes, 4 de enero de 2019

"Un regalo de Reyes anticipado".

Como no soy poeta, el otro día me senté aterido junto a Gerardo Diego en el rincón de los poetas de mi querida Soria y le pregunté si podía recitarme uno de sus poemas. Entonces me musitó al oído uno de los más grandes sonetos del castellano:

"Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.
Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos".


("El ciprés de Silos" es un soneto que el poeta Gerardo Diego (Santander, 1896-Madrid, 1987) escribió en el libro de firmas del monasterio de Santo Domingo de Silos tras dormir en su hospedería, cuando se dirigía a Madrid. Permaneció allí hasta que su buen amigo Pedro Salinas le convenció para publicarlo dentro de sus "Versos humanos", un libro con el que consiguió el Premio Nacional de Literatura en 1925, junto a Rafael Alberti con "Marinero en tierra").

jueves, 3 de enero de 2019

Un deseo para este 2019 que empieza.

Que Woody Allen pueda estrenar la película que hizo en 2018, "A rainy day in New York", producida por Amazon e interpretada por Jude Law (en la foto). Y que la moral puritana imperante no le impida hacer más películas, si le apetece.

Mis deseos son muchos, como los de todos. Que las personas que amamos estén bien y sean felices. Que continúen reduciéndose las diferencias económicas entre los ricos y los pobres, Que no se produzcan asesinatos. Que desaparezcan de una vez el racismo, la xenofobia, la homofobia, el machismo.

Este deseo sobre Woody Allen tiene que ver con el arte y el cine, y también sobre la vida privada de la gente. Ya he dicho muchas veces que no me interesa la vida privada de nadie. Me da igual con quién se acuesta Woody Allen, en realidad me resulta indiferente con quién se acuesta o se levanta todo el mundo. Y me aburre, soberanamente, que me cuenten las vidas privadas en TV, la prensa o las redes sociales. 

En este caso me siento un privilegiado por ser contemporáneo de un artista como Woody Allen.

martes, 1 de enero de 2019

Otra de las músicas de mi vida.

Antes de ayer hablé de la Novena Sinfonía de Mahler. Su estructura es tan compleja y tímbricamente "mahleriana" que no quise comentar que Mahler -uno de los grandes directores de orquesta de esa Viena imperial de los valses de Johann Strauss que se estaba terminando, como reflejó Robert Musil en su novela "El hombre sin atributos"- quiso homenajear a la Sexta Sinfonía de Chaikovsky, que se sabía de memoria. Los cuatro movimientos de la obra de Mahler están formalmente calcados de los de Chaikovsky.

La "Patética" es una de las obras que me acompaña desde que tengo uso de razón y que escribe, por mí, muchos de mis textos. Es una música que siempre se me escapa por el borde de la página, ya sea de la cuartilla o del ordenador. 

Hay cosas que conforman el abecedario de mi piel.


https://www.youtube.com/watch?v=yDqCIcsUtPI