martes, 16 de abril de 2019

"Anochece".


El agua siempre es una utopía.

Es lo que tiene la vida, que permite imaginar la eternidad.

Miro el mar desde mi acantilado como una utopía eterna y escucho a María Callas interpretando esa aria que dio lugar a una de las declaraciones de amor a la vida más bellas que he visto en el cine.

La voz humana es como el agua, dulce o salada, que lo recoge todo a su paso, la historia y la ficción, el cine y el arte, el sentido y la sensibilidad, la palabra.

Algo así es la utopía de la belleza:

https://www.youtube.com/watch?v=nIcwNDBPGsk

sábado, 13 de abril de 2019

Siempre escribo las novelas que me apetece escribir.

Lo hago durante el tiempo que me pide la historia que deseo contar, incluso veinte años, como me ocurrió con "Entrevías mon amour" (2009). En cierto momento entendí que el personaje principal tenía que evolucionar conmigo o yo con él. Solo ha habido una excepción, "La paz de febrero" (2006), que apenas tardé tres años en escribir. La delirante invasión de Irak me llevó a plasmar en una novela la impotencia que sentía como ser humano, por esa guerra y por todas las guerras. 

Hace unos pocos días mi amiga y tertuliana María Victoria Huertas me dijo que la había comprado porque le apetecía leerla. Lo ha hecho visto y no visto, y ha escrito estas palabras en su muro de Facebook: "Ayer terminé de leer la novela de Justo Sotelo "La paz de Febrero", una novela que nos lleva a esos días del inicio de la Guerra de Irak y a su incertidumbre y recuerdo. La sencillez de los personajes se mezcla con la literatura, la música, el dolor, los sentimientos de lucha por ser felices, con esa elegancia, respeto y generosidad que Justo Sotelo pone siempre en sus novelas".

Después de leer estas palabras, pensé que si los malos supieran escribir comprenderían que las guerras solo se ganan aparentemente.

viernes, 12 de abril de 2019

"Porque dar clase no es trabajar".

Me he pasado la vida estudiando, leyendo, escribiendo, viajando, ayudando a todas las personas que he podido, riendo, sonriendo, siendo feliz y dando clase. Dar clase te permite ser feliz, más incluso que ser escritor, a pesar de que escribir también sea divertido. 

Me faltaba este grupo de ICADE por hacerme una fotografía este año, y la hicimos el lunes pasado. Son unos chicos encantadores y muy estudiosos. Y veo que acababa de llenar la pizarra de fórmulas matemáticas, una de las cosas que más me gustan. 

Por cierto, también observo en la foto que tengo un poco de barriga. Como lo de ir a un gimnasio a mi edad es una actividad inhumana (en realidad lo es a cualquier edad), voy a tener que beber menos champán.

jueves, 11 de abril de 2019

Ficción o realidad a propósito de "El orden del día", de Éric Vuillard.

A las cinco he quedado con el escritor y periodista Javier Valenzuela en el "Café Comercial" de la Glorieta de Bilbao para tomarnos algo. Después de hablar un rato sobre el futuro del periodismo y la literatura, nos levantamos y nos dirigimos hacia la puerta giratoria de la entrada. Entonces nos detiene un señor de sesenta y tantos años que nos muestra una novela, "El orden del día", de Éric Vuillard (Lyon, 1968), que ganó el premio Goncourt hace un par de años y ha mantenido una fuerte polémica con el historiador Robert Paxton (Virginia, 1932). El tipo nos dice que es un fiel lector de "Infolibre", el periódico de Javier donde este habló hace poco de esa novela. Ya lo leía cuando Javier dirigía EL PAÍS.
 
La eterna discusión entre la ficción y la realidad ya se encontraba en Platón y se reproduce en el Quijote y otras muchas obras de ficción y no ficción. A algunos historiadores siempre les ha molestado que los novelistas se metan en su terreno, y a algunos novelistas que los historiadores siempre tengan razón. Éric Vuillard escribe ficciones reales o pseudonovelas; observa algún hecho histórico, se documenta sobre él y lo reconstruye. En menos de 150 páginas, su novela analiza el fenómeno del nazismo en tres momentos. Una reunión de Hitler en febrero de 1933 con empresarios alemanes con el fin de recaudar fondos; un almuerzo de Ribbentrop, que es embajador saliente de Alemania en Londres y ya ministro de Exteriores, con el primer ministro británico Chamberlain en marzo de 1938, y la invasión de Austria por parte de Alemania en esas mismas fechas. Y todo esto le parece poco serio al historiador. Paxton es un reputado historiador que escribe siempre con las fuentes bibliográficas, los testimonios y los archivos a mano. Si se pretende hablar de la verdad de la historia, hay que hacerlo con un conocimiento profundo de las cosas.

Javier y yo charlamos unos minutos con este señor y nos vamos de paseo. Entonces comento que en la última película de Almodóvar, "Dolor y gloria", hay muchas referencias literarias. Aparecen por allí Shakespeare, Cocteau, Tennessee Williams, Chirbes, Pessoa, Bolaño y Vuillard. En varias escenas el personaje que interpreta Banderas, el "álter ego" de Almodóvar, lee "El orden del día".

¿Casualidad, ficción o realidad?


miércoles, 10 de abril de 2019

Tertulia con el escritor Luis Quiñones en el "Café Gijón".

¿Por qué una tertulia literaria puede ser apasionada, divertida, interesante y culta? 

¿Por qué pueden abordarse temas muy serios como las desapariciones de personas en los primeros años de la Transición, del gravísimo problema de la droga (sobre todo de los estragos que causó la heroína en España, algo que también está presente en la última película de Almódovar de la que hablé ayer por aquí) y de los secretos y mentiras de los poderes del Estado, pero sin perder la sonrisa de los labios y la buena educación? ¿Por qué se puede hablar de una bella, profunda y lograda novela, "Crónica del último invierno", del escritor madrileño Luis Quiñones, de 42 años, destacando los puntos esenciales de la misma, pero sin exagerar las alabanzas, ni hacer la pelota al autor, algo demasiado habitual en el mundo literario de este país y de cualquier parte? ¿Por qué digo siempre que el lenguaje es el que puede salvar a la literatura en este vertiginoso presente, dominado por Internet y las redes sociales, con una tecnología que ha democratizado la cultura y la información en todo el mundo, terminando con monopolios y oligopolios, incluidos los países más pobres? 

Para responder a estas preguntas y a otras muchas que no dejan de surgir durante hora y media en una tertulia literaria madrileña, lo mejor es pasarse todos los martes por el "Café Gijón" del Paseo de Recoletos, entre Cibeles y Colón. 

(El próximo martes los tertulianos no estaremos en ese lugar, porque será el momento de comer torrijas en otra parte).




martes, 9 de abril de 2019

"Almodóvar y yo".

No conozco personalmente a Almodóvar. Lo más cercano que he estado de él ha sido a través de la que fue su jefa de prensa, Mercedes Barreira, a la que tuve como alumna en la Universidad hace muchos años. Nos volvimos a encontrar ella y yo cuando presenté un libro a otro alumno, amigo suyo, en la librería "Tres rosas amarillas" de Madrid, con una clara referencia al escritor norteamericano Raymond Carver. Mercedes se convirtió en una de mis tertulianas y hablamos mucho de Almodóvar.

Esto viene a cuento a raíz del estreno de su última película, "Dolor y gloria", un título que me recuerda la novela de Graham Greene "El poder y la gloria", términos que, a su vez, aparecen en el Padrenuestro; como se ve no hay nada nuevo bajo el sol. Con Almodóvar me ocurrió durante mucho tiempo casi lo mismo que con Allen, Rohmer, Tanner, Kieslowsky o Kar-wai, que no me perdía ninguna de sus películas cuando se estrenaban. Tal vez por eso no me apetecía demasido ver su última película (lo que hice ayer), porque es posible que sea su testamento. Es una buena película (ni mejor ni peor que otras), pero con esa carga de "autoficción" que no me convence en el arte. Me ocurre como a la "madre", ya de mayor, que interpreta Julieta Serrano (lo mejor de la película, con diferencia), a la que tampoco le gusta la autoficción. Es algo que me sucede también con la literatura. Creo en la creación de mundos posibles, la construcción de esos mundos desde la nada, no en la mímesis o copia de lo que ya existe, aunque sea la vida de cada uno. Me parece que el "pacto de ficción" es lo que da sentido al arte y la literatura.

Y dicho eso se me pasaron las dos horas volando.

(Por cierto, en la foto que he puesto el único que mira de frente es el niño).

"Crónica del último invierno", de Luis Quiñones.

"Crónica del último invierno", de Luis Quiñones, es una novela que he leído recientemente y me ha interesado mucho.

Luis Quiñones (Madrid, 1977) es filólogo por la Universidad Autónoma de Madrid y profesor de Secundaria, y mañana por la tarde nos acompañará en la tertulia del "Café Gijón" para hablarnos de ella. Es la cuarta novela que ha publicado.

En enero de 1977, coincidiendo con la matanza de los abogados de Atocha, un joven del barrio de Vallecas desaparece sin dejar rastro. Cuarenta años después, la única pista que puede arrojar luz sobre su caso llega hasta un periodista jubilado que decide investigarlo. El resultado de sus pesquisas será la crónica que reconstruye la turbia biografía del joven, pero también los trágicos sucesos de aquel enero y cómo el proceso de la Transición fue cambiando la anatomía de una ciudad como Madrid.

A partir de tres voces que se van alternando a lo largo de la trama, surge una novela en la que el género policiaco se desdobla y se convierte en una narración periodística y de evocación poética. Y eso es lo que la convierte en una buena novela, porque de lo contrario estaríamos con lo de siempre. El lenguaje y la estructura están muy trabajados, son densos y complejos, y adquieren sentido propio al margen de la historia.

(La tertulia será a las 18.30 en el Paseo de Recoletos 21 de Madrid).