miércoles, 14 de diciembre de 2016

Cupido y Psique.

Hoy iba a escribir otra cosa, pero al abrir Facebook (aún con los ojos medio abiertos o medio cerrados, que diría Kubrick) he leído el comentario de mi amigo José Zurriaga dedicado a la pintora Johana Roldán en el post de ayer, cuyo leitmotiv era la "belleza".

¿La belleza?, escribió él. ¿Y la bestia?, preguntó a continuación con su inteligencia e ironía habituales.

En seguida he recordado el cuento francés "La bella y la bestia" (1740), cuyo origen se encuentra en una breve narración intercalada en "El asno de oro o Las metamorfosis", de Apuleyo (siglo II d C), que de alguna forma puede ser considerada la primera "novela" de la literatura y desde luego el germen de la novela picaresca.

Tengo un aprecio especial a esta historia. Recuerdo que la expuse en clase de "Géneros literarios" (I), con Antonio Garrido, el catedrático de literatura de la Complutense que me codirigió la tesis sobre Murakami. 

Es una narración tan bella que, como siempre, ha continuado desarrollándose en otras artes, como la pintura, la escultura, el teatro, la música, etcétera. En la conocida escultura en mármol de Antonio Cánova (1757-1822), que está en el museo del Louvre, Psique es reanimada por el beso del Amor. Afrodita estaba celosa de su belleza, pero no puso impedir que su hijo Cupido se enamorara de ella.

Y es que Psique es el alma.

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