lunes, 27 de mayo de 2019

"Nanas de la cebolla".

Hoy el amanecer es de color de rosa, leo a Miguel Hernández y escucho a Serrat. En la última tertulia del "Café Gijón" también hablamos del poeta de Alicante. Zhivka Baltadzhieva aludió a la belleza de sus últimos libros (tiene un poema dedicado a él en su libro) y yo a la complejidad del primero, "Perito en lunas", escrito en la estela de Góngora y que le abrió las puertas literarias de Madrid.

Hay un poema de Hernández que siempre he considerado una conjunción perfecta entre la forma y el fondo. Cierra el "Cancionero y romancero de ausencias" que el poeta empezó a escribir en 1938 en la cárcel de Madrid de la calle Conde de Peñalver, en trozos de papel higiénico, y se publicó en Buenos Aires, después de su muerte en Alicante.

Quizá sea uno de los poemas del castellano que mejor exprese la emoción de la ternura, además con la voz de Serrat:

https://www.youtube.com/watch?v=hOJaloDh-eA

"La cebolla es escarcha
cerrada y pobre:
escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla:
hielo negro y escarcha
grande y redonda.


En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.


Una mujer morena,
resuelta en luna,
se derrama hilo a hilo
sobre la cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.


Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma al oírte,
bata el espacio.


Tu risa me hace libre,
me pone alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.


Es tu risa la espada
más victoriosa.
Vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.


La carne aleteante,
súbito el párpado,
el vivir como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!


Desperté de ser niño.
Nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna,
defendiendo la risa
pluma por pluma.


Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!


Al octavo mes ríes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.


Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.


Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurra".


No hay comentarios:

Publicar un comentario