jueves, 25 de julio de 2019

Esta mañana me he despertado con ganas de bailar un vals.

Quizá sea el baile más elegante que exista, y sin duda el más exquisito. Me gusta el vals porque me gusta vivir la vida con elegancia, ya sea con traje y pajarita, como he vestido siempre y continúo haciéndolo, o con camisetas negras, pantalón corto y sandalias, que es lo que me pongo cuando llega el verano y no me quito hasta que vuelven las clases de la Universidad, sobre todo si estoy de viaje. Por supuesto lejos de la vulgaridad y la agresividad, de las palabras malsonantes, de la burla y el desprecio hacia los demás, lo que, en realidad, no es más que el desprecio a uno mismo. 

El vals gira como la propia vida y en ese movimiento continuo necesitamos a la otra persona. Al igual que en el cuadro de Vladimir Pervunesky titulado "El vals vienés, de 2007, y este delicioso vals de Franz Lehar, tan elegante como exquisito, como puede ser la vida, si quieres: 

https://www.youtube.com/watch?v=MMkyqcnQixY

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