miércoles, 10 de julio de 2019

Una poeta de Tenerife en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y un aria de "Turandot".


 
"Estoy pegada a la pared
Pero te mentiría
No hay hebras de agua
Empapando el suelo con el sudor
A veces me resisto a creerlo
Los jardines de mi casa no tienen pared
Solo un cielo tumultuoso que la cubre cada día
Hay una especie de encantamiento que me suscribe a él
Llevo ahí mi muerte desde siempre
La guardo con celo para que nadie me la quite
Tomo la tierra con mi dedos
Me abrazo al fuego del suelo
Yazco inmune a la lluvia
En los jardines de mi casa
Las aves tienen prohibida la entrada
El cielo es denso
Cuando amanece solo me acompaña la noche
La dejo en una esquina para luego
Temo que el día no dure".

La foto es del año pasado en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, y en ella también aparezco yo reflejado en el espejo, como si fuera un personaje de "Las babas del diablo", de Cortázar, o de "Blow up", de Antonioni. La poeta tinerfeña Candelaria Villavicencio estaba de paso por Madrid y me llamó para tomarnos un café. Lali, que es como la llamamos sus amigos, escribió el poema como comentario a mi post del otro día sobre "Largo viaje hacia la noche", del director chino Bi Gan, la película que más me ha impresionado este año. Me pareció un hermoso gesto, algo que solo pueden permitirse los poetas, esas personas que sienten, miran y expresan lo inefable de otra forma. Yo los observo con admiración, lo reconozco.

En la biblioteca del Círculo hay un armario con discos de vinilo. En uno de esos discos escuché hace años el aria más bella de la historia de la música, interpretada por el tenor italiano Franco Corelli (1921-2003), quizá el más grande que ha existido. Es la poesía, la inefable poesía, como una epifanía que se repite:
https://www.youtube.com/watch?v=sE4EgIG0pew

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