lunes, 14 de noviembre de 2022

Mis "Cuentos de los otros" (Bartleby, 2017) se siguen leyendo.


Texto de Presina Pereiro.
 
"Cuando leo un libro dejo que repose unos días en el estante vital de las lecturas y después vuelvo a él, pero sin tenerlo cerca. Trato de discernir sin ataduras lo que me ha impresionado, lo que sé que va a dejar huella.
 
Esta mañana vuelvo a los “Cuentos de los otros” de Justo Sotelo, con la idea de centrarme individualmente en cada uno. Me ha sucedido igual que con los “Cuentos de los viernes”, donde he descubierto una historia total, una historia global que no es ficción, ni novela, ni un conjunto de relatos ordenados, sino un viaje íntimo hacia cualquier parte donde se encuentre el saber y el arte: “el lento caminar de los humanos a lo largo de los siglos”.
 
Sí, más que “cuentos de otros” es un viaje fractal y casi místico que se anuncia en la imagen de la portada, en la impresión dual de una mirada, y se prepara en las palabras de agradecimiento al maestro y parte hacia Túnez como si el autor quisiera compartir el viaje de aquel “Paciente inglés”.
 
Después, ¿qué decir? Cada cuento es una historia en sí misma y también es parte de la Historia, porque yo no diría que lo que llena las páginas de este libro sean cuentos sino Historia de la cultura relatada con técnica de cuento, historia con mayúsculas de la literatura, la música, la palabra, la imagen, el arte y la vida. 
 
Estoy acostumbrada a ir cada mañana al lugar que Justo Sotelo elige en las redes sociales y ahora vuelvo a hacerlo: tomo café en La Pecera, como hizo el autor hace unos días con Mayda Bustamante y Manuel Rico, paseo por Hyde Park, por los jardines de Luxemburgo, por el Retiro y el estanque de cristal, por las Tullerias, por la Arena Blanca, por los parques del alma de Justo Sotelo. Asisto a la conferencia sobre economía y felicidad -casi un oxímoron-, y oigo a Sibelius y las canciones de George Michel, a Mahler y también a los Beatles y la Amapola de un músico callejero, y otras que aún suenan.
 
Me ha parecido que algunos de los cuentos son pequeñas tesis doctorales que analizan la ética, la estética, la política en la literatura, tanto de la generación del 98, como en Nietzsche, Kant y su imaginación, Mircea Iliade y su mirada a las estrellas… Y otros son poesía como esa que comentaba con una amiga, poesía de Borges, Salinas, Paz, Whitman, poesía como “Hojas de hierba”. Algunos son un viaje a los clásicos de ayer, por ejemplo, a las Metamorfosis de Ovidio o a los clásicos de hoy, por ejemplo, a Javier del Prado, o a la Mitología, por ejemplo a Apolo y a Dafne. 
 
Hay en los cuentos soledad, desamor, ausencias de vértigo y fotografías rotas, el pasado en ruinas circulares y hasta un poema al pubis que es idea más que parte del cuerpo, y hay librerías y libros y si no le molesta al autor quiero decirle que la mar es lo gris, que el mar es otra cosa. 
 
Sin embargo, creo que la médula espinal es la literatura. Me he puesto las “sandalias mágicas” para volver a Goethe, Dickinson, Proust, Joyce, Kraus, Carpentier como obsesión en “el siglo de las luces” que es tan suyo, y cómo no, a Murakami". 
 
 
 



 
 
 
 
 

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