miércoles, 2 de noviembre de 2022

"La vida ética o la vida después de la muerte".

No tengo ninguna intención de ponerme trascendente y hablar de la muerte este 2 de noviembre, con una guerra y varios conflictos aún abiertos en el mundo. Tan solo voy a reflexionar brevemente desde lo que más me gusta, la belleza y la música.
 
Ayer por la tarde estuve paseando por la Fuente del Berro. En cierto momento tuve que detener el motor del coche para que pasara una hembra de pavo real a la que seguían sus tres crías (en la segunda fotografía). Me vino entonces a la cabeza el rostro de mi madre. La Tercera Sinfonía de Mahler sonaba con fuerza; es la última obra que ella escuchó en directo en el Auditorio de Príncipe de Vergara con Paqui y conmigo (las otras fotografías son del interior del parque y de Gustav con Alma Mahler).
 
Mahler es un compositor humanista, otro hombre del Renacimiento, como siempre dice de mí el economista y buen amigo Javier García, que además ha leído alguna de mis novelas. El protagonista de mi última novela, "Poeta en Madrid" (Huso, 2021) tiene mucho de este compositor (se llama Gabriel Relham, es decir, Mahler al revés); por eso aparece como personaje, en un diálogo con Beethoven, otro de los compositores que ha marcado mi vida. La Tercera es su sinfonía más larga, hora y media apasionante sobre el panteísmo y la propia Naturaleza. Sus seis movimientos forman una secuencia progresiva desde el mundo inanimado hasta Dios y que Mahler equipara con el amor, "lo que me dice el Amor". Si la sinfonía anterior es "espiritual", esta es humanista. Ahora el hombre es el mismo Fausto errante por el mundo. Su busca del significado de la vida frente al sufrimiento y la muerte se ve afectada por el encuentro con la obra de Nietzsche, del que hablé el otro día en un post. Dioniso será la proyección del concepto de Naturaleza, en toda su "pureza", el símbolo del espíritu que mejora la vida. Y asumirá el concepto "metafísico" del "eterno retorno". "Todo volverá, escribió Mahler; la vida solo tiene sentido a través de esta certeza. Por esta razón, tengo que vivir éticamente". El hombre está representado en el cuarto movimiento, "La Canción de Medianoche de Zaratustra", que pertenece a la cuarta parte de "Así habló Zaratustra":
 
"O Mensch! Gib acht!
Was spricht die tiefe Mitternacht?
Ich schlief!
Aus tiefem Traum bin ich erwacht!
Die Welt ist tief!
Und tiefer als der Tag gedacht!
 
O Mensch! Gib acht!
Tief ist ihr Weh!
Lust tiefer noch als Herzeleid!
Weh spricht: Vergeh!
Doch alle Lust will Ewigkeit!
Will tiefe, tiefe Ewigkeit!"
 
"¡Oh hombre! ¡Presta atención!
¿Qué dice la profunda medianoche?
Yo dormía, dormía,
De un profundo soñar me he despertado:
El mundo es profundo
Y más profundo de lo que el día ha pensado.
 
Profundo es su dolor.
 El placer es más profundo aún que el sufrimiento:
El dolor dice: ¡Pasa!
Mas todo placer quiere eternidad,
¡Quiere profunda, profunda eternidad!"
 
(Traducción de Andrés Sánchez Pascual).
 
Y si además la sinfonía la dirige Claudio Abbado estamos ante una de las manifestaciones que conozco de la belleza:
 

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