sábado, 6 de marzo de 2021

"El paciente inglés".

La tertulia on line del Café Gijón del próximo martes, a las 18.30 h., estará dedicada a la obra de la escritora y música asturiano leonesa Marta Muñiz Rueda, en particular a su último libro de relatos, "Anna y las estrellas" (Camelot, 2020). El año 2016 Marta me dedicó el poema "El paciente inglés". 

 Aunque nos conocíamos desde hacía tiempo, nos vimos por primera vez en 2015 cuando me acerqué a la librería Alejandría de León, invitado por Carlos Pérez-Alfaro y el Ateneo Cultural Jesús Pereda, con el fin de presentar un libro de Gabriela Amorós Seller, "La fragua cero", a la vez que la poeta alicantina hacía lo propio con mis "Cuentos de los viernes" (en las fotos). El año 2017 presenté la novela de Marta, "Tiempo de cerezas", en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, y nos volveríamos a ver cuando regresó a Madrid para tocar el piano en la biblioteca del Retiro donde Eloy Tizón presentó el ensayo de Almudena Mestre sobre mi obra. 

A lo largo de mi vida me han pintado retratos, compuesto canciones y escrito y dedicado poemas. No obstante, el romanticismo de este poema me sigue pareciendo subyugante. 

EL PACIENTE INGLÉS. 

A Justo Sotelo. 

 "Déjame que te hable de los vientos. 

Gobiernan la apariencia de las cosas. 

Existen muchos tipos, 

Manipulan a dioses y demonios. 

Hay vientos que enloquecen la cordura, 

Los hay que levantan cortinas carmesí, sangre de polvo, 

Arenas que derriban las fronteras 

Que impusieron fantasmas invisibles. 

Donde hubo un día agua 

Hoy serpentean dunas 

Pero nuestros ancestros dibujaron 

(como tú lo haces hoy en tu libreta) 

La libertad cristalina de un grupo de bañistas. 

Te amé con la furia del simún 

En medio de un desierto ciego y sordo. 

Te seguí amando en las ciudades nuevas 

Y te amaría en cada hotel o yacimiento que inmune y cómplice nos cobijase. 

Caminé bajo el sol a la intemperie 

Caminé como un mar enajenado, 

Maté por ti a hombres inocentes, 

Le vendí mi alma al enemigo 

Y no pude salvarte de la muerte. 

Te llevé fría y frágil en mis brazos, 

Sin aliento ni llama que pudiera amortajar la ira y el deseo. 

Ese amor que te sesgó la vida como un rayo que asiente y amenaza 

Desdibujó el camino de los mapas 

Y subsistió en un libro de Herodoto. 

Sin ti ya no hay mañanas. 

Sin ti la arena, el sol, 

Son espejismos. 

Pero prometo viajar siempre contigo. 

Seamos polvo, cenizas, huesos rotos, 

Corazones de vuelo interminable 

Hasta llegar al Palacio de los Vientos. 

Si existe algo capaz de vencer a la muerte 

Es todo aquello que tu cuerpo y el mío 

Crearon para decirle al mundo 

Que dos amantes solos 

Pueden justificar el universo". 

(c) Marta Muñiz Rueda.

Hoy es sábado, no tengo clase, y me apetece escuchar la música de una historia que, por cierto, sirve de prólogo a mis "Cuentos de los otros" (Bartleby, 2017). Ahora no me importa ser durante unos minutos el conde László Almásy, el paciente inglés de la novela de Ondaatje y la película de Minghella. 

 ¿Y a quién no? 

 https://www.youtube.com/playlist?list=PLVXwAF62wf1TqMregg6s7-KH03WtrEZdP

 



 

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