miércoles, 1 de abril de 2020

"El hilo de Ariadna".

Tras llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró locamente de Teseo, el héroe mitológico fundador de Atenas, y le dijo que le ayudaría a derrotar al Minotauro si la llevaba de vuelta a Atenas y se casaba con ella. Él dijo que sí y ella le ofreció un ovillo de hilo que Perseo ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto; después entró y derrotó al Minotauro. Recogió el hilo y salió del laberinto. Durante el viaje de vuelta, desembarcaron en la isla de Naxos y entonces abandonó a Ariadna. Supongo que Teseo desconocía que esta romántica historia con un triste final sería el argumento de multitud de obras literarias y musicales (recuerdo a Nietzsche y Strauss, por ejemplo). Y también uno de los madrigales más célebres de Monteverdi, "El lamento de Ariadna o de la ninfa". Ayer lo estuve escuchando después de mantener una conversación por Wasap donde apareció el tema del "hilo de Ariadna". He buscado una versión subtitulada, del propio Monteverdi, a cinco voces. Vuelvo a escucharlo mientras me tomo el primer café del día y antes de dar mi primera clase por videoconferencia, y pienso que es sorprendente que esta música sea de 1608. A la primera que se lo escuché fue a la soprano Sylvia Schwartz, hija de mi amigo y compañero de despacho el político y economista Pedro Schwartz.

Seguro que hoy el "hilo de Ariadna" es una simple aplicación de las nuevas tecnologías, por ejemplo, una llamada de teléfono, un mensaje por Wasap o un link en Facebook. Digo yo que hoy Ariadna llamaría por el móvil a Teseo y le diría por dónde tenía que girar a la derecha o a la izquierda para salir del laberinto. Aunque a lo mejor el móvil de Teseo llevaba el "Google Maps" incorporado (todo el mundo no va a ser tan antiguo como yo que el único mapa que lleva encima es la curiosidad de preguntar a la gente por dónde se va a los sitios. Después de todo una de las cosas que más me gustan es hablar, ah, y perderme. Perderme por cualquier parte es otra de las cosas que más me gustan. Como diría mi madre, Justito, es que los madrileños somos así, ciudadanos del mundo).

Lo que no creo que haya cambiado mucho desde la época de Monteverdi a la actual es la idea del amor. 

O del desamor:

https://www.youtube.com/watch?v=B26JGyqgKxY

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