domingo, 7 de noviembre de 2021

"Las corbatas Paul Verlaine de Javier del Prado".

Poco antes de que hiciera esta fotografía el pasado viernes en una taberna de la calle Tutor de Madrid, junto a la Librería Alberti, y tras la presentación del libro de poemas de Efi Cubero, Javier del Prado Biezma nos confesó que sus corbatas de seda eran de la marca Paul Verlaine y las compraba en París. Luego se comió medio pepito de ternera con queso. El otro medio se lo comió María José Muñoz Spínola o tal vez fuera Silvia Ramos. Y esta mañana me ha venido a la cabeza uno de esos poemas tristes de Verlaine tras romperse su relación con Arthur Rimbaud. También es verdad que las auténticas relaciones de amor no se rompen nunca, como demuestra el hecho de que sigamos asociando a los dos poetas. Es lo que tiene el arte entre dos artistas.
 
                                           "Il pleut doucement sur la ville".
                                            (Rimbaud).
 
"Llora en mi corazón
Como llueve sobre la ciudad;
¿Qué es esta languidez
Que penetra mi corazón?
 
¡El suave sonido de la lluvia
En el suelo y en los tejados!
Para un corazón que se aburre…
¡El canto de la lluvia!
 
Llora sin motivos
Sobre este corazón que se enferma.
¡Qué! ¿No hay traición?
Este es un duelo sin razones.
 
¡Es la peor de las tristezas
Ignorar por qué,
Sin amor y sin odio,
Mi corazón tiene tanta pena!"
 
"Il pleure dans mon coeur
Comme il pleut sur la ville ;
Quelle est cette langueur
Qui pénètre mon coeur ?
 
Ô bruit doux de la pluie
Par terre et sur les toits !
Pour un coeur qui s’ennuie,
Ô le chant de la pluie !
 
Il pleure sans raison
Dans ce coeur qui s’écoeure.
Quoi ! nulle trahison ?…
Ce deuil est sans raison.
 
C’est bien la pire peine
De ne savoir pourquoi
Sans amour et sans haine
Mon coeur a tant de peine!"
 
(Verlaine, "Romances sans paroles", 1884, trad. de Juan Arabia).
 
Hablando de asociaciones entre amantes cuyo amor es eterno, uno de los finales más hermosos de la historia del cine se inspira en los versos de "El barco ebrio" de Rimbaud. Son dos obras legendarias, como lágrimas en la lluvia:
 
Y la música, claro:
 

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