En mi ciudad hay muchas cosas bonitas, y una de ellas es la gente. Sales del Metro y en un par de manzanas te puedes encontrar con un amigo y cuatro ex alumnos, todos sonrientes y felices. Mientras me sacaba esta fotografía por la mañana después de desayunar en Santa Gloria me acordé de la expresión de "Madrid, rompeolas de todas las Españas". El año 2017 se convirtió en el título de un libro colectivo de homenaje a Basilio Martín Patino, al que he citado esta mañana en el post sobre Entrevías, y me recuerda a mis directores favoritos, Erice, Rohmer, Tarkovski, Bergman, Kieślowski, Hitchcock, Ford, Hawks, Tanner o Allen. Todavía recuerdo las películas "Nueve cartas a Berta", "Canciones para después de una guerra" y "Los paraísos perdidos", con una Charo López bellísima, y su nostalgia por una España que pudo ser y no fue, y su traducción del Hiperión de Hölderlin. Madrid es como esa persona enamorada que nunca se olvida de ti, aunque la vida la lleve por otros sitios.
Y además con música de Pachelbel, como si fuera una película de Garci, al que dedico algunos capítulos de "Un hombre que se parecía a Al Pacino".
Sí, quizá sea Pacino por las calles de Madrid y escuchando música:
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