Manuel Rico es un poeta lírico de la memoria. En su obra se mezclan la sustancia interior y la exterior, como diría mi maestro García Berrio, en una poesía lírica que habla del pasado, desde el presente y desde la búsqueda de la ética y la justicia. Me recuerda de alguna forma a uno de los poetas que más admiro, el salmantino Aníbal Núñez, y en ambos encuentro cierta inocencia e ilusiones rotas (Núñez fue más bohemio). En Manuel Rico hay mucha memoria, tanto histórica como individual. La suya es una escritura que crea atmósferas etéreas con los símbolos cotidianos como las calles, los tranvías, las puertas y las ventanas, los cafés, las farmacias o las tiendas, escenarios de una ciudad interior escrita desde las afueras.
Elegí tres de sus novelas para escribir mi Trabajo Fin de Máster sobre Literatura Española en la Complutense, y como le gustó al tribunal lo publicó la Universidad. Mientras me documentaba para escribirlo, además de estudiar en profundidad los textos, me fui a pasear por sus escenarios, la sierra pobre de Madrid y los barrios de la Alegría y Hortaleza.
Manuel Rico nació en Madrid el año 1952, y es poeta, narrador y crítico literario. Estudió la carrera de Periodismo, y ha trabajado en la banca privada, pero sin olvidar una actividad política que le llevó a ser elegido diputado en la Asamblea de Madrid entre 1983 y 1987, trabajar como director de centros culturales en el Ayuntamiento de Madrid y tener funciones directivas en RTVE y el Instituto Cervantes. Aunque escribe desde la adolescencia, su labor literaria se inició en los ochenta, participando del proceso “rehumanizador” de la poesía española tras las corrientes culturalistas protagonizadas por la llamada “generación del 68”. En una vertiente más literaria, codirigió el programa de Europa FM Libromanía (junto a los escritores Ángel García Galiano y Francisco Solano), que obtuvo el Premio Nacional de Fomento a la Lectura en 1987, y es colaborador en revistas literarias como Cuadernos Hispanoamericanos, Letra Internacional, Leer, Ínsula y Mercurio. En 1996 empezó a colaborar como crítico de poesía en el diario El País, y desde 1998 dirige la colección de poesía de la editorial Bartleby. Actualmente preside la Asociación de Escritores españoles.
Ya no queda casi nada de aquel mundo obrero que también estudié cuando decidí escribir durante veintre años mi novela "Entrevías mon amour". Aquella era una ciudad hecha desde la periferia, en el Madrid de los 60 de los planes de desarrollo y que continuó en la Transición. La vida y los libros se llenaban de los hijos de la clase obrera, que llegaban a la universidad y luchaban, activa y clandestinamente, para recuperar la democracia.
Manuel Rico nos leyó poemas de dos libros de los 90 que han sido reeditado por Olifante, "Quebrada luz" y "El muro transparente", y entre todos buscamos la luz y la transparencia a través de la palabra, en un Café del que Javier Del Prado Biezma dijo que tiene "una luz melancólica", algo que también veo en los poemas de Rico. Fue hora y media hablando del pasado y el presente, sosegadamente, de la poesía de la vida y de la poesía de los textos, de la búsqueda de lo intangible, de lo inefable. Y hubiéramos estado otra hora.
Mientras escribo estas palabras que improvisé ayer en la tertulia de Casa Manolo, me viene a la cabeza una música que quizá tenga algo que ver con todo esto:
No hay comentarios:
Publicar un comentario