domingo, 16 de marzo de 2025

"Este año tampoco ganaremos la Champions, ¿o sí?"


 
Uno de mis "Cuentos de los viernes" (2015, Bartleby) habla de esto, aunque desde la literatura y el amor, desde Lisboa y el Hotel Borges, el Café La Brasileira y Pessoa, uno de los poetas que más he leído y estudiado, que de alguna forma también convertí en personaje en mi novela "Las mentiras inexactas" (2012, Izana). Por cierto, el título está sacado de uno de sus versos.
 
"Un partido de fútbol en Lisboa".
 
"El taxi se detuvo cerca del Hotel Borges. Ellos sabían que Lisboa era una ciudad tan fascinante como melancólica, aunque esos días todo el mundo estuviese pensando en la final de la Champions.
 
Se habían conocido en el campo del Atlético de Madrid, durante la semifinal. Se dirigieron a la vez al vendedor de bocadillos, y en ese instante se miraron, se sonrieron, se les cayó el dinero al suelo y se enamoraron mientras dos monedas rodaban en paralelo hasta terminar una encima de la otra.
 
Desde la ventana se veía la escultura de bronce de Pessoa, en la entrada del café La Brasileira. Pessoa fue un poeta que sólo escribía cosas que merecían la pena, dijo él. Se pasó la vida en busca del nombre, la definición y la medida de las cosas, pero no tuvo paciencia para ello, dijo ella. Dejaron el equipaje en el hotel y se dirigieron hacia el castillo; tras atravesar la puerta principal se adentraron en el parque. Luego se acercaron al mirador y se fijaron en las tenues luces de las farolas y en otras luces todavía más oscuras de un bar que se negaba a cerrar, y hasta escucharon el rumor de los barcos descascarillados. Lo importante es entusiasmarse por la vida, dijo él, tener la capacidad de maravillarse con ella. Pueden decir de nosotros que somos testarudos, pero eso no debe preocuparnos, dijo ella. El secreto es perseguir la luz blanca de la ternura…, aseguraron a la vez.
 
Al día siguiente se disputó el partido de fútbol, pero ellos no salieron de la habitación, ni de la cama".
 
("Cuentos de los viernes, 2015, Bartleby, Madrid, p. 22).
 
...............................................
 
Aludiendo a ese partido de fútbol, también escribí lo siguiente, aunque no lo he publicado entre mis cuentos.
 
"Papá, por qué somos del Atleti..."
 
El niño se quedó mirando a su padre después de que el Atlético de Madrid hubiera vuelto a perder otra final de la Copa de Europa en el último instante. Sintió un sudor frío que le recorrió todo el cuerpo. Era un héroe para su hijo, pero en esta ocasión no sabía qué decir. 
 
Podía haberle dicho que, cuando él tenía su edad, el Atleti era el equipo con los jugadores más intelectuales de este país, que estudiaban en la universidad y se oponían al régimen de Franco.
 
Pero esto quizá no lo entendiera un niño de 7 años. 
 
Aún recordaba el gol de Schwarzenger en el útimo minuto y la final perdida en Lisboa. Quizá hubiera algo místico en las derrotas y humano, demasiado humano, como diría Nietzsche. En realidad a él no le gustaba el fútbol ni los deportes en general. Lo suyo siempre había sido sentarse a una mesa y escribir. O pasarse el tiempo leyendo y viajando de una parte a otra del mundo en busca de la inspiración para sus novelas.
 
Cogió a su hijo en brazos y lo besó en la cara, en la frente y la mejilla. Varias veces. Te quiero, le dijo. Eres lo que más quiero en este mundo.
Yo también te quiero a ti, papá. ¿Me llevas al parque?
 
(La cuarta foto es del parque infantil del Paseo de Rosales, donde jugaba mi hijo de pequeño. La tercera del Café La Brasileira con la escultura de Pessoa, en Lisboa).
 
..........................
 
Confieso que soy de esos escritores a los que les gusta más jugar en la cama que en los campos de fútbol, y bailar hasta el final del amor:
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario