Aristóteles y Horacio relacionaron la literatura con la pintura. Ya he hablado muchas veces del "Ut pictura poesis" o lo que dijo Plutarco en el sentido de que la poesía es pintura hablada y la pintura poesía muda. Después de desayunar en el Vips de Neptuno me he hecho esta foto en la planta baja del Thyssen y he intentado empaparme de las pinturas que gustaban a Proust y que de alguna manera laten en su búsqueda del "tiempo". A todo el que me pregunta le digo que a Proust habría que leerlo al menos una vez en la vida, los siete tomos, algo que yo hice durante dos años seguidos en el Metro camino del trabajo. Mientras realizaba el camino de Swann y el de Guermantes, esta mañana pensé en la asignatura que elegí en la Complutense al estudiar Literatura Comparada, "Proust, Joyce y Kafka", impartida por tres profesoras de los departamentos de francés (una discípula de Javier Del Prado), inglés y alemán. ¿Quién ha dicho que estudiar no puede ser como beber una botella de Möet Chandon? Es algo así como disfrutar contemplando los cuadros de la exposición por parte de Blanche, "Retrato de Marcel Proust" (1892), Turner, "La Dogana y San Giorgio Maggiore" (1834) y Monet, "Nenúfares", 1919, hasta junio. Entre 1913 y 1927 Proust no dejó de escribir enfebrecidamente sobre todo cuando sabía que se moría (no consiguió ver los últimos tres tomos editados) para unir los dos caminos que he mencionado antes en "El tiempo recobrado". Elstir será la creación literaria que refleja al pintor por excelencia, Vinteuil es su equivalente musical y Bergotte su paralelo en el campo de la literatura.
Y ahora apuro el champán mientras escucho la Sexta sinfonía de Mahler que escucharé en el Auditorio Nacional el mes que viene, una de mis obras favoritas. De alguna forma, Proust y Mahler van unidos en mi mente como los caminos de Swann y Guermantes en mi propio tiempo recobrado como escritor:
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