domingo, 23 de marzo de 2025

"Los territorios del escritor".


 
Supongo que ser escritor también es una manera de vivir, de elegir la forma de enfrentarse al mundo y tratar los problemas que surgen en cualquier momento, una forma de leer, de ver cine y exposiciones, de escuchar música, de elegir los temas que va a tratar en los textos, e incluso de comportarse ante los demás. Esta idea salió a relucir en la tertulia de Casa Manolo del martes pasado, y me he acordado de ella viendo la fotografía que me ha enviado por mail Ignacio Ferreras, una de las últimas incorporaciones a la tertulia. Concha Galán mira hacia su izquierda, porque quizá entraba alguien en el salón. Vicente Gil lo hace de frente. A Antonio Benicio solo se le ve en el espejo y no sé bien dónde mira. 
 
Y yo estoy pensando, como siempre, en ti.
 
Dentro de un rato me iré al Auditorio Nacional a escuchar una obra de la mexicana Gabriela Ortiz, "Téenek" (2017), que significa algo así como "hombre local". Es la lengua que se habla en la región de la Huasteca, que abarca los estados de Veracruz, Tamaulipas, San Luis Potosí, Hidalgo, Puebla y Querétaro en México, y alude a todos los hombres y mujeres que pertenecen a un lugar cuya mera existencia determina sus destinos en el tiempo y en el espacio, sus territorios. Al final escucharé el ballet "Petrushka" (1910), de Ígor Stravinski, que tiene una evidente influencia en la obra de Gabriela Ortiz, aparte de elementos de jazz y folk. Siempre recordaré la primera vez que vi siendo un adolescente el ballet de la "Consagración de la primavera" en un teatro de Madrid. Hay cosas que no se olvidan. En medio del concierto escucharé una obra que me fascina, por la música y por lo que significa, el Concierto de violín de Robert Schumann. "Mi vida ha sido una lucha entre música y literatura”, escribió el compositor en su diario personal el año 1849. Tras acabar el concierto en 1853 se le diagnosticó una enfermedad mental; ingresó en un sanatorio y murió dos años después. Ni su mujer, Clara Wieck, ni su amigo Johannes Brahms (enamorado toda la vida de Clara) valoraron demasiado esta obra, y no se estrenó hasta ochenta años después. Schumann era hijo de un librero culto y sensible, y tuvo desde niño a su alcance un universo literario que leyó con avidez, poesía, cuentos fantásticos, novelas románticas. Todo alimentaba su febril inquietud, pero nada lograba saciar su apetito de estímulos que eran para él como “aliento de vida”. Con 28 años escribió una encendida carta a Clara en la que le confesó cómo le afectaba lo que sucedía en el mundo, la literatura, la política, la gente y su anhelo por expresar sus sentimientos con la música. Por cierto, la directora del concierto de hoy será la mexicana Alondra de la Parra, que me gusta mucho, con el joven violinista Daniel Lozakovich:
 
Esta es la música, es decir la literatura para mí, con la que siempre pretendo expresar mi visión de la vida, y mis sentimientos, al igual que le ocurría a un romántico como Schumann.
 
Todos estos son mis territorios.

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