lunes, 20 de agosto de 2018

"En torno al escritor austriaco Thomas Bernhard".

Hablar de Thomas Bernhard (1931-1989) es referirse a uno de los escritores que me han servido para entender la literatura contemporánea. Hace unas semanas conté una historia que me ocurrió en un tren mientras atravesaba un desierto y leía una obra de Peter Handke. Entonces mencioné a su gran "maestro", el poeta, narrador y dramaturgo Thomas Bernhard, enfrentado hasta su muerte con los poderes de su época. No dejaba títere con cabeza, convencido de la cantidad de cretinos que corren por este mundo. Estando de acuerdo con él (en lo de los cretinos, claro, algo que también comparte el director austriaco Michael Haneke, del que hablé ayer), lo que me atrae de la literatura de Bernhard no es tanto su visión crítica como su utilización del lenguaje y de la música.

Ayer dediqué toda la tarde a releer una de sus mejores novelas, que no he podido olvidar, aunque la leí por primera vez hace muchos años, "La calera", publicada en 1970. Entre sus páginas encuentro a Joyce, Kafka y Beckett, e incluso el fantasma de Wittgenstein (una de sus novelas más conocidas es "El sobrino de Wittgenstein, precisamente). Y está el ritmo de la música clásica contemporánea, ya que él estudió música y era un enamorado de las repeticiones, de los movimientos continuos del lenguaje hacia adelante y atrás. En ese sentido es una literatura compleja, profunda, exigente, de la que permanece en el tiempo por eso mismo.

En esta novela Konrad está obsesionado con hacer un estudio sobre el oído. Para llevarlo a cabo adquiere un edificio de cal en la ribera de un río, en Austria, ya que necesita silencio, y de esa forma poder "oírlo" todo. Se va allí con su mujer paralítica (que además es su hermanastra). Está cinco años intentando escribir el estudio, pero no lo consigue, a pesar de que lo tiene completamente terminado en su cabeza. Al final mata a su mujer y es encarcelado. Esto sucede en las primeras páginas. El resto del libro es un absorbente análisis del ser humano dentro de un edificio industrial y un paisaje concreto. Lo que siempre me ha llamado la atención de esta novela no demasiado larga (ninguna de Bernhard lo es) es cómo interrelaciona la arquitectura con la vida, como si los techos, las paredes, la distribución de la habitaciones, del espacio, en suma, se nos vinieran encima e influyeran en nuestra manera de ser y de comportarnos.

Este es un breve video sobre una de sus obras de teatro: "El ignorante y el demente" (1972), que se ha representado hace poco en Madrid.

https://www.youtube.com/watch?v=MrKEhSl0oxI

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