martes, 4 de agosto de 2020

"La semántica de los espejos".

Las imágenes más bellas en un espejo cóncavo son absurdas. No obstante, la deformación deja de serlo cuando está sujeta a una matemática perfecta. Desconozco si Valle-Inclán estudió matemáticas en profundidad. Por lo que he estudiado, su Poética se resume en "La lámpara maravillosa". El otro día lo mencioné en un texto donde también aparecían Galdós y la figura de don Juan, y una amiga de esta red social comentó (creo que podría escribir un post cada día con los comentarios de las personas que me leen) que había representado de joven el teatro de Valle-Inclán. Es abogada y se llama Mavi Vazquez de Lara. Ayer me di una vuelta por el Callejón del Gato, que está al lado de la Plaza Santa Ana, el escenario donde se desarrolla mi novela "Las mentiras inexactas", y me hice unas fotografías delante de los famosísimos espejos cóncavos y convexos que sirvieron a Valle-Inclán para consolidar la técnica literaria del esperpento. Con ellos se deforma la figura, al igual que ocurre con la vida o la literatura, algo que Valle-Inclán expuso en la charla entre Max Estrella y don Latino en "Luces de bohemia". He dado la vuelta a la foto con el espejo cóncavo para que pueda verse mejor, ya que si no la figura sale boca abajo. Valle-Inclán creó su propio personaje desde el más profundo conocimiento de la técnica literaria, alejándose de la mediocridad y el convencionalismo, y con una fuerza y una voluntad de ser frente a los demás. Él no abandona nunca su estética vigilante, la continua exigencia de dar a cada frase, a cada párrafo una intencionalidad artística.

Me observo en el espejo convexo, y me pregunto de qué manera me vería Max Estrella a través de los ojos de Valle-Inclán. Luego me tomo un café y me digo que voy a seguir estudiando matemáticas. Las utilizo mucho en mis clases, pero sé que debo seguir profundizando en ellas para entender la semántica de los espejos.



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