domingo, 25 de julio de 2021

"Escribir un libro es como cortar el pelo".

Asegura ella, y añade que un buen corte de pelo puede cambiar la imagen de una persona, hacerle sentir más a gusto y aumentar su autoestima. Él sonríe y se piensa la respuesta unos instantes. Él se llama Clément, es un joven escritor y profesor de filosofía, y lo han destinado a Arrás, una pequeña ciudad que se encuentra a hora y media en tren desde París, para dar clase de filosofía en el instituto. Tiene la innegable arrogancia del parisino culto, rodeado por libros a todas horas y acostumbrado a moverse entre conciertos, óperas, restaurantes y fiestas con personas tan refinadas como él. Su visión del amor se podría considerar como "líquida", según la definición de Bauman que tanto me gusta. En París deja algunos amores con los que no ha querido comprometerse, consciente de que el futuro no existe y solo tiene sentido amar desde el presente. Nada más llegar, una profesora del instituto se fija en él, aunque está casada, y alaba sus libros, lo que le deja indiferente. Y luego está ella, Jennifer, una atractiva peluquera de treinta y tantos años, lista e inteligente, sin gran cultura. Tiene un hijo, está divorciada, los hombres -digamos normales- se fijan en seguida en ella y se pasa los fines de semana cantando canciones de amor con sus amigas en un karaoke. Ambos se conocen una tarde en que él entra en la peluquería y ella le corta el pelo. Empiezan a verse y él le habla de libros, como "El idiota" de Dostoyevski (por cierto, una de las novelas de mi vida), la literatura de Zola y la filosofía de Kant. Saben que sus mundos son distintos, pero se atraen físicamente. Ella se sabe guapa y también que puede gustar más a unos hombres que a otros. Él se aprovecha de estas palabras para decir que ella es una "peluquera kantiana", ya que ha diferenciado entre lo universal y lo particular en Kant.
 
Hace unos años vi "No es mi tipo" (2014), una película franco-belga dirigida por Lucas Belvaux, con una pareja de actores en estado de gracia, el actor y director de teatro francés Löic Corbery (Comédie Française) y la maravillosa actriz belga Émilie Dequenne que debutó en la deliciosa "Rosetta" (1999), de los hermanos Dardenne (están en la fotografía). Anoche volví a verla en el canal Sundance, y pensé lo mismo que la primera vez. Por una parte, es una de las películas más románticas e inteligentes que he visto en los últimos años (algo impensable en el actual cine norteamericano). Y también me hice la misma pregunta. ¿Es posible una relación de pareja cuando existe tanta diferencia cultural? 
 
Ahora me tomo el primer café de esta hermosa mañana de verano y pienso en el hecho de que Clément tan solo daba clase de lunes a miércoles en el instituto de Arrás y se volvía a París. Y Löic Corbery se cambiaba de ropa y de papel, y aprovechaba para entrar en el viejo edificio de la Cómedie Française a interpretar a Shakespeare. Unos metros más allá, en la misma calle que termina en la Ópera de París, te encuentras un hotel con nombre de rey donde a veces me he quedado.
 
Es un hotel muy literario, como mi forma de ver la vida.
 

 

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