miércoles, 28 de julio de 2021

"Rick es la idea del hombre que tienen las mujeres".

"Es que tú eres muy Bogart, también", escribió el otro día por aquí la profesora y poeta murciana Idoia Arbillaga, que nos acompañó no hace mucho en la tertulia del Gijón para hablarnos de su último libro de poemas, "Creación y vacío", una joya (por cierto, el título ha sido elegido como uno de los posibles nombres que podría llevar una estación del Metro de Madrid). 
 
Ahora me tomo el primer café de esta preciosa mañana de verano y releo un texto que escribí hace poco sobre Rick. Quizá no le guste a más de un hombre -esos machos alfa que aún tenemos en España- y a alguna mujer, pero me importa un bledo, como diría Rett Butler a Scarlette O´Hara al final de "Lo que el viento se llevó":
"Antes de empezar con mis clases por videoconferencia y mientras me tomo el primer café de este día primaveral, me apetece escribir algo sobre Rick Blaine, el protagonista de "Casablanca", la película más mítica de la historia. Toda mi vida me han comparado con este personaje, y eso que yo nunca he dicho a nadie aquello de "Here´s Look At You, Kid", una frase que dice Rick a Ilsa en tres ocasiones y es considerada por el American Film Institute como la quinta cita o frase de película más célebre de la historia. Lo más curioso es que en los doblajes al español se ha traducido de forma distinta: "toda la suerte, Ilsa", "por ti, pequeña" y "ve con él, Ilsa" (la despedida en el aeropuerto bajo la niebla) y ha pasado mucho más desapercibida que aquellas otras de "siempre nos quedará París" o "atrapen a los sospechosos habituales". Es la expresión cariñosa y coloquial que le decía Humphrey Bogart a Ingrid Bergman en los descansos a la vez que le enseñaba a jugar al póker. Por otra parte, la frase con la que he encabezado el texto aparece en un documental de Garci sobre la película. Y la verdad es que, si lo pensamos bien, Rick no es un tipo que inspire un amor confortable y hogareño, sino, muy al contrario, una relación inesperada, arriesgada y apasionada, de las que tal vez dejan una huella imborrable. A todo esto habría que añadir que es el hombre más seguro de sí mismo que se ha visto en una pantalla. Si las mujeres se enamoran de Rick, los hombres nunca han dejado de imitarle. Es todo un héroe existencial que no necesita guardar las apariencias; su rostro es el de la lealtad, la entereza y la esperanza. Rechaza la cobardía y lo mediocre, pero, de alguna manera, acepta la falta de escrúpulos de Renault o Ferrari. Con su máscara humana contra las heridas, Rick siempre será admirado, ya que físicamente, además, no es un adonis inalcanzable.
 
Y ahora el brindis con el champán de la foto, en París. Y la música, porque no se puede vivir sin música:
 
 
"Mírame, aquí estoy, pequeña".
 

 

 

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