martes, 13 de julio de 2021

"El contagio de los afectos".

¿Sabes cómo aprendimos a besar?, pregunté ayer a mi hijo mirando hacia el cielo. Anochecía lentamente, tumbados en las hamacas de la terraza y escuchando el canto de los pájaros. Como le sorprendió la pregunta, le hablé del beso que la reina Ginebra dio a Lanzarote del Lago en el ciclo artúrico, un beso que se mezcla con la historia de amor y muerte de Tristán e Isolda y se convierte en inmortal en la Comedia de Dante, en su Canto V y el Segundo Círculo, con otra historia imperecedera, la de Paolo y Francesca de Rímini. Esta obra del siglo XIV contiene algunos de los versos más hermosos que se han escrito, como una influencia cultural transmitida hasta nuestros días, comenté cerrando los ojos a la vez que el viento que llegaba de la sierra de Navacerrada acariciaba mi rostro. Roland Barthes lo llamó "contagio de los afectos", pues el deseo se ve afectado por el arte y la literatura. Es ese amor que surge por efecto de la "lectura", varios siglos antes de que aparecieran el Quijote, el Tristam Shandy, Madame Bovary y el Ulises.
 
Francesca de Rímini dice a través de Dante en la Comedia:
 
"Por diversión leíamos un día
cómo apremiaba Amor a Lanzarote
a solas y sin miedo nos hallábamos...
Leyendo que la risa deseada
era besada por tan noble amante,
este, que nunca apartarán de mí,
la boca me besó..."
 
Antes Francesca había dicho los tercetos con las míticas anáforas:
 
"Amor, que el corazón gentil de súbito
enciende, a este apresó del bello cuerpo
que me quitaron: y aún me daña el modo.
Amor, que a todo amado a amar le obliga,
de su belleza me apresó tan fuerte
que, como ves, aún no me abandona.
Amor a morir juntos nos condujo..."
 
La fotografía la hice en el Museo Rodin de París, y es un detalle de la Puerta del Infierno con Paolo y Francesca. La música solo puede ser esta:
 
 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario