lunes, 25 de julio de 2022

"La gazza ladra".

Ayer me metí a comer en un restaurante japonés al lado del Rastro porque en la carta no solo me ofrecían sushi, sopa de fideos y sake, sino también libros. Y en seguida me vino a la cabeza el principio de una novela:
 
"Cuando sonó el teléfono, estaba en la cocina con una olla de espaguetis al fuego. Iba silbando la obertura de La gazza ladra, de Rossini, al compás de la radio, una emisión en FM. Una música idónea para cocer la pasta.
 
Al oír el teléfono, tuve la tentación de ignorarlo. Los espaguetis ya estaban casi listos y, además, en aquel preciso instante, Claudio Abbado conducía la orquesta filarmónica de Londres hacia el clímax musical. Sin embargo, qué remedio, bajé el gas, fui a la sala de estar y colgué el auricular. Pensé que podía tratarse de algún conocido que me llamaba para hablarme de un trabajo.
 
—Diez minutos, dame diez minutos —dijo sin preámbulos una mujer. Soy bastante bueno reconociendo las voces, y aquélla no la había oído nunca.
 
—Perdone, ¿por quién pregunta? —dije educadamente.
 
—Pues por ti. Con diez minutos tengo bastante, dame diez minutos. Y así podremos entendernos bien —contestó la mujer. Su voz era suave y profunda, indefinible.
 
—¿Entendernos?
 
—Sí, entendernos el uno al otro.
 
Alargué el cuello a través de la puerta y atisbé dentro de la cocina. Un vapor blanco se alzaba de la olla de espaguetis y Abbado seguía dirigiendo La gazza ladra".
 
(Haruki Murakami, "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", p. 13, Tusquets). 
 
Amanece en el Día de Santiago, me tomo un café y se produce la magia de la música, de la literatura, de la belleza o al menos eso es lo que me dice mi cerebro cada mañana mientras sale el sol y sale la vida:
 

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