lunes, 24 de enero de 2022

"Esa cosa tan romántica y divertida que es la vida".

Todos los libros deberían empezar recorriendo el desierto de Túnez donde se rodó "El paciente inglés". Pero con las manos. Tu cuerpo y tu mente serán las dunas y los oasis... 
 
"Este es el prólogo del libro de Justo Sotelo "Cuentos de los otros", (2017), que acaba de llegar a mi casa, por fin. Nada más llegar se subió a mi óleo", escribió el ingeniero madrileño Chema Menéndez que vive en Tenerife y que desde el pasado curso es tertuliano del Café Gijón. Nos conocimos durante la presentación en la Librería de Mujeres de Santa Cruz de Tenerife de mi anterior libro, los "Cuentos de los viernes" (2015). Después me pasé por su casa de Tegueste, en el norte de Tenerife, para ver el cuadro del principio de mi libro. Mientras me comía unas galletas de La Gomera, me dijo que había dejado otros dos de mis libros al director de cine barcelonés Josep Vilageliu, que vive en Tenerife desde los años 70, pues tenía interés en leerlos. Y me enseñó la fotografía de los chicos que estudiaron con él en el colegio de los Salesianos de Madrid, donde encontré a un viejo amigo, con el que escribí un libro sobre Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Pedro Costa Morata, hijo adoptivo de Águilas (Murcia) por su lucha en defensa del Mediterráneo. Curiosamente, el padre del protagonista de mi novela "La paz de febrero" (2006), un ecologista vital y muy comprometido, se basa en la figura de Pedro. Hace un par de años la filóloga que está haciendo una tesis en la Autónoma de Madrid sobre mi obra, Yolanda Brown, me habló de una profesora de literatura de la University of the Districk of Columbia, Ada Vilageliu, y la invité a la tertulia, sin recordar que era la hija del director de cine Josep Vilageliu. Y hablando de tertulias, también curiosamente ayer salía de desayunar en Casa Manolo (de lo que ya hablaré mañana) y en ese momento Chema me envió un Wasap con una entrada en su blog donde habla de su experiencia en la tertulia del Gijón:
 
Ahora me tomo un café y vuelvo a Túnez en avioneta. En este país he estado dos veces y siempre ha sonado esta música. Me lo paso bien escribiendo, pero sobre todo viviendo:
 

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