jueves, 22 de diciembre de 2022

"Justine y Lena".

No estaba Celia, mi fisioterapeuta, y dos estudiantes francesas se ocuparon, con cariño, de mis cervicales. Se encuentran de Erasmus en la Universidad San Pablo, en Monte Príncipe. Lena es de Aix-en-Provence, al lado de Marsella, y Justine de Burdeos. Mientras sus dedos subían y bajaban por mi cuello nos pusimos a hablar un poco de la vida. Dije a Lena que, cuando era joven, tuve una novia de Aix-en-Provence, precisamente, que se llamaba Natalie, y que aparece en mi novela "Las mentiras inexactas". Y dije a Justine que también hace muchos años una alumna que se llamaba Lola y era de Gran Canaria me regaló "Justine", la primera novela del mítico "Cuarteto de Alejandría", de Lawrence Durrell (la foto es de 2018 cuando viajé hasta allá leyendo la novela). Cuantas veces la habré leído, me digo ahora, mientras me tomo el primer café. Son las historias de Justine y Nessim, de Melissa y Balthazar moviéndose en una ciudad bajo la mirada literaria de Cavafis, el "viejo poeta". Alguien me dijo que de Alejandría solo escapan los enfermos, los solitarios, los profetas y los heridos de amor. Los cuatro protagonistas cuentan lo mismo en las cuatro novelas, pero desde el punto de vista de cada personaje. La nueva versión desmonta la anterior, la contradice y la completa. Lo que en principio era una historia de oscuras pasiones cruzadas en el interior de una ciudad que lo devora todo, donde la Justine de Durrell es un trasunto de la "Justine de Sade", deja paso a asuntos políticos y religiosos, con temas de espionaje, complots, violencia y dinero en el contexto de la Segunda Guerra mundial y sus orígenes. No obstante la obra es, por encima de todo, la ciudad cosmopolita y viciada, y la fuerza de sus personajes. Y son el tono, el lenguaje y la atmósfera de la buena literatura. Entre la serenidad de los árboles suena un disco, "Ciudad de las ideas", que el guitarrista cordobés Vicente Amigo escribió inspirándose en Cavafis. Es la conversación de dos poetas, uno viejo y otro joven. El joven le dice al viejo que ha puesto muy alta la escala de la poesía, que no puede llegar ahí. El viejo le contesta que eso es blasfemo, que debe estar orgulloso de haber entrado en la "Ciudad de las Ideas":
 
"Las ideas y objetos que se te contrapongan. El lío de poseer unos bellos intentos, ideales enormes de profundos deseos y eso de tener que sufrir las inocentadas belicosas de cada día que pasa, si tú no estás".
 
Esta es la dedicatoria que escribió Lola cuando me regaló la novela. Yo era joven y aún no sabía si sería escritor. Al final te vas haciendo escritor porque vives intensa y apasionadamente la vida como si la estuvieras escribiendo. O te la estuvieran escribiendo. Y entre ser escritor o vividor siempre he sabido lo que debía elegir.
 
Este es el disco completo sobre esta ciudad de las ideas:
 

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