lunes, 5 de diciembre de 2022

  "Fin de semana de cine".

Como soy un tipo esencialmente aburrido lo primero que busco en cualquier ciudad, española o extranjera, es una librería, un cine, un café, un restaurante y un hotel, por este orden. Si estoy en Madrid mis pasos siempre se dirigen hacia la Plaza de España. Y eso es lo que hice el viernes pasado con la bufanda alrededor del cuello para ver la última película de Cesc Gay, "Historias para no contar", y así darme una vuelta por Barcelona. También es lo que hice ayer con "Suro" (corcho), la primera película de Mikel Gurrea, que me llevó a una masia de la Cataluña profunda. Ambas me parecen excelentes. Y entre medias, el sábado, vi "Surcos" (1953) en Movistar, dirigida por Nieves Conde, una de las obras maestras del cine español, que de alguna manera resume y antecede a las anteriores películas con la dialéctica entre la ciudad y el campo.
 
Las tres son películas "políticas" en el sentido griego de la "polis" y de la elección entre ser libres o ser sumisos. La palabra libertad se enfrenta de alguna forma a las verdades y las mentiras en las que suele instalarse el ser humano, como muestra la película de Gay, y el deseo (o no) de llenar nuestra vida de consumismo, como ocurre con la de Gurrea. Intelectualmente, me interesa que detrás de la película de Nieves Conde esté la mano de Torrente Ballester y quizá la España de Baroja y Solana.
 
Ahora me tomo el primer café de la mañana antes de irme a clase y pienso que esa libertad debe ser interior. No me la facilitan ni la ciudad ni el campo, ni un trabajo u otro, solo lo que yo pueda elegir y observar desde mí mismo.
 
Escuchar esta música me ofrece bastante libertad espiritual:
 

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